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LA INSEGURIDAD ORGANIZADA por Rubén Rojas Breu

marzo 28, 2009

LA INSEGURIDAD ORGANIZADA

 

Cuadro de situación

 

Una maraña en la que se mezclan crecientemente prejuicios, ingenuidad, ocultamientos, voces desaforadas, diatribas, opiniones seudoexpertas y, sobre todo, ausencia de políticas, nos está conduciendo a un atolladero en el cual parece borrarse a pasos agigantados la luz que indica la salida.

No faltan en ese conglomerado los reclamos destemplados por más cárceles, por la represión indiscriminada y a mansalva, por leyes más duras y hasta por la pena de muerte ni tampoco las celebraciones masivas del gatillo fácil. Hay circunstancias en las que parece que nos encontramos al borde del linchamiento.

A la comisión de delitos, por sí misma muy dolorosa y causante de tragedias evitables, se suman los efectos indeseables de las conductas que buscan neutralizarla: la guerra de pobres contra pobres, un estado de pánico que afecta a toda la población hasta obnubilarla, el oportunismo de dirigentes políticos y referentes sociales y el aislamiento, el virtual toque de queda, con todo lo que socialmente significa, de mucha gente que pretende así evitar robos, asaltos, lesiones e incluso, la muerte. Aunque pueda parecer absurdo, tampoco falta el reproche a quienes gritan su dolor por la pérdida de un ser querido.

En medio de ese pandemonium, los roles protagónicos tienden a ser ocupados por dos tipos de contrincantes: en este rincón, los que creen en la mano dura y, asumiéndose como víctimas, descreen de cuánta victimización padecen aquellos a quienes acusan; en el otro rincón, quienes en su justa toma de partido por los excluidos terminan abogando por quienes delinquen considerándolos casi mártires.

Unos y otros incurren en prejuicios de direcciones contrarias aunque sobre la base de una coincidencia inquietante: ambos tienden a asociar la práctica delictiva o “los problemas con la ley” con la pobreza y con los pobres. Los primeros, sustentando la anacrónicas vinculaciones pobreza – vagancia – camino fácil versus riqueza – esfuerzo – espíritu competitivo. Los segundos, porque se encierran en los límites de una correcta observación: “las cárceles están llenas de pobres, de quienes no pueden pagar abogados ni cuentan con vinculaciones poderosas”; no parecen darse cuenta de que la inseguridad tiene que ver con factores y con actores que exceden en mucho a las fechorías de chicos descarriados.

Resumidamente, a través de referentes, expertos, medios de comunicación y ciudadanos en general, pareciera que el patrón delictivo respondiera a este curso: una mañana cualquiera alguien al despertarse en su vivienda inhabitable cae en la cuenta de que su familia no tiene para comer y entonces, llevado por su resistencia a trabajar, se provee de paco con su vecino, pasa por lo de su tío a quien le sustrae el arma y, media hora después, en algún barrio de clase media baja, le roba la billetera a un anciano a quien golpea e, incluso, en un arranque de ira hiere o mata. Nada más alejado de mi intención que mofarme, de ninguna manera por favor, de la gravedad merecidamente atribuida a las acciones criminales. Con esa descripción quiero mostrar lo rayano en el ridículo que puede estar la lectura más frecuente que se está haciendo sobre esta densa problemática (sin desconocer que la desesperación pueda impulsar eventualmente a alguien a proceder de esta injustificable manera).

Quiero ser suficientemente abarcativo y justo: es digna de encomio la actitud de quienes habiendo sido víctimas, sea de asaltos y homicidios culposos o a sangre fría ejecutados por delincuentes, sea de la represión salvaje, de la droga o del gatillo fácil, mantienen una firme adhesión a la ley y asumen, incluso, un compromiso militante con el fin de modificar maduramente este estado de cosas. Quiero expresar mi más profundo respeto y solidaridad con estas personas y grupos y valorar cuánto contribuyen a que adoptemos el rumbo correcto.

Finalizando esta introducción pregunto: ¿para cuándo el reconocimiento a la inmensísima mayoría de excluidos, de pobres y de sin techo por sus esfuerzos, sus aportes, su honestidad a toda prueba, su espíritu solidario?

 

Un poco de historia

 

Los comportamientos delictivos, tengan el alcance y la masividad que tengan, responden a patrones: esto es, se basan y despliegan siguiendo ciertas modalidades, determinados modi operandi.

Para entender esta primera aseveración, incursionemos en la historia más o menos reciente.

El 24 de marzo recordamos el golpe de estado que en 1976 instauró la terrocracia cívico militar más sanguinaria de nuestra historia del siglo XX. Tuvo como antecedentes la acción más que injustificadamente violenta de la tenebrosa triple A y de quienes, supuestamente del otro lado, creían a pie juntillas (de buena o mala fe) que la revolución supone excluyentemente el tronar de los fusiles. Ni unos ni otros escucharon a Perón, conductor y presidente legal y legítimo quien, entre otras lúcidas sentencias, formuló aquella de “dentro de la Ley todo, fuera de la ley nada”; tampoco escucharon a las fuerzas democráticas de todo el arco político ni a los referentes sociales de la época. Prepararon, así, el advenimiento de la terrocracia cívico militar la cual instauró, desde el dominio del Estado, el delito como modalidad sistemática para la represión tanto de las organizaciones guerrilleras como de los reclamos populares legítimos; también para la realización de los negocios, negocios que socavaron la soberanía argentina, comenzaron la destrucción de la cultura, de la industria y del trabajo, endeudaron a nuestro país con cifras siderales y arrasaron con la genuina vocación política y todo compromiso social.

Esa dictadura, además de incurrir en sedición, “legitimó” el secuestro seguido de la desaparición de personas, los asesinatos a mansalva a cualquier hora del día y la noche, el robo de bebés, los saqueos, la extorsión, la persecución de ciudadanos y de ideas, la quema pública de libros, la usurpación de las instituciones, los negociados económicos más salvajes de toda la historia nacional y la corrupción del Estado y la actividad privada.

Sus herederos, integrantes de los gobiernos civiles a partir de 1983, continuaron de una u otra manera con la comisión de actos entre ilegales e ilegítimos, entre ellos todo lo referido al tratamiento de la deuda externa y la corrupción; el gobierno menemista fue una catarata de acciones que merecerían la justicia más rigurosa. O, por ejemplo, como acotó en una reunión de la Mesa Coordinadora de GESTAR, Marisa Timor, ¿no causó enorme inseguridad entre todos los argentinos los paquetes de medidas que se hicieron tristemente famosos como “corralito” y “corralón”?

Tampoco podemos olvidar en este rápido repaso cuántos referentes de variadas áreas, desde la política, la religión, la actividad empresaria hasta el deporte o la farándula han cometido delitos, a menudo de implicancias bastante más graves que muchos hechos cotidianos. Muchos de estos “comitentes” hoy, a los cuatro vientos, reclaman mano dura. ¿Qué clase de caraduras son? Cuánto de cierto hay en aquéllo de “ver la paja en ojo ajeno y no la viga en el propio”.

En la sociedad neopatronal que promueve el “vale todo” todo vale para ellos, los que tienen todo; a los demás, nos proponen someternos. Afortunadamente el pueblo argentino, con su proverbial lucidez, en su última marcha “por la seguridad” los dejó solos y, en esa soledad, se notó una pobreza que carece de la dignidad de la que sufren las mayorías: la pobreza de su convocatoria, de sus consignas y de sus discursos.

 

 

Modelos, organizaciones e inseguridad

 

Lo descrito ilustra en torno a dos cuestiones vitales, las dos que me interesa destacar en esta nota:

 

  1. No sólo para los comportamientos éticos, dignos y solidarios se requiere de modelos: también para los corruptos y los criminales. Queda demostrado que la terrocracia cívico militar y sus dilectos continuadores fueron una fuente inagotable de modelos delictivos.
  2. La acción delictiva requiere de organización. La dictadura se instauró merced al “accionar” de una banda criminal de civiles y militares, tributarias de castas y mafias; los sucesivos gobiernos civiles también se condujeron y se conducen “organizada y orgánicamente” para sus tropelías.

 

De tal modo, debemos inscribir cualquier acción delictiva, cualquier acción que genere inseguridad, en la conjunción de modelos que facilitan la vocación y el aprendizaje ilegal así como en organizaciones, verdaderas organizaciones, que cumplen la función de planificar, distribuir roles y tareas y hacerse cargo de la logística.

Volvamos al ejemplo: el par de muchachitos que sale por la mañana en una moto a robar cuanto celular se les cruza portado por algún transeúnte confiado, ¿se los comen? Es fácil deducir que requieren, además posiblemente de estimulantes, disponer de la moto (robada quizá), de los reducidores que les pagan y a su vez revenden, de compradores finales.

Si el delito es más grave o complejo, como saquear una oficina o una escuela son más los intervinientes: quienes enseñan y entrenan, quienes hacen inteligencia, quienes manejan dispositivos para ingresos ilegales a edificios, quienes compran después la variada gama de insumos obtenidos (computadoras, teléfonos, etc.), quienes revenden, quienes administran, “llevan la contabilidad”, coimean y negocian con los poderes públicos y las fuerzas de seguridad, quienes se ocupan de la contratación de abogados y de otras clases de profesionales según la envergadura del “negocio”, etc. ¿No es pecar de demasiada ingenuidad suponer que la inseguridad es causada por cientos de chicos violentos dispersos que operan individualmente?

 

El modelo conservador ya prehistórico, eufemísticamente llamado neoliberal, instaura la sociedad de los “individuos libres” que desemboca en ganadores versus perdedores, en los pocos exitosos que llegan a todo y las multitudes de fracasados que se quedan con nada, en la que vale la ostentación y el consumo desenfrenado a la par que se desacredita a la ética, la educación, el trabajo, el estudio, el esfuerzo, el compromiso social y político genuino, la solidaridad… En ese “todo vale” para ser alguien, las organizaciones delictivas ofrecen a cada hora a muchos una oportunidad para “pertenecer y alcanzar el éxito”: pavada de promesa por cierto tentadora. Es la promesa sostén por excelencia de las orgas del narcotráfico, tan a la orden del día hoy y tan representativas del perfil actual de la práctica delictiva.

Todos los tipos de organizaciones delictivas se escalonan desde la cúspide hasta la base de la compleja pirámide social y sus cabecillas y comandos más notorios ocupan posiciones encumbradas en el Estado y en el variado espectro de la actividad privada, alternan y negocian con los poderosos más diversos, participan de las recepciones de los salones oficiales y de las embajadas. A menudo, estas organizaciones responden a matrices ubicadas en el exterior, incluyendo a “renombradas agencias internacionales de seguridad o inteligencia” (recordemos la intervención en los terribles golpes de estado de los ´70 en América Latina, sin ir más lejos en la geografía ni en el tiempo).

Por supuesto, las organizaciones criminales se sienten como peces en el agua en sociedades, ricas o pobres, en las que se erosiona el sentimiento de pertenencia a una nación y a su pueblo, en las que se desalienta la educación, en las que se desmantela la industria, en las que no se hace nada por el desarrollo de la ciencia y de la innovación tecnológica al servicio de la comunidad (y se opta por emplearlas en favor de intereses económicos voraces), en las que se desprecia la producción intelectual a la vez que se incurre en idolatría de la televisión basura, de la fama fácil, de las conductas tramposas y de la frivolización de todo.

Imagino que este análisis puede contribuir humildemente a clarificar acerca de cuáles deben ser los caminos para afrontar la seguridad, para cumplimentar lo que impulsamos en uno de los documentos de GESTAR: “trabajo y seguridad para todos”; como rezaba un cartel en la Jornada de Inclusión del 12 y 13 de diciembre del año pasado en el gomero de Barrancas de Belgrano, en Buenos Aires: “Seguridad para todos; para los pobres también ¿eh?”

Afrontando el riesgo de que parezca “traído por los pelos” no puedo dejar de dar otro ejemplo que tiene que ver con algo de una índole muy estratégica: una de las organizaciones más poderosas del planeta, el muy británico Reino Unido. piratea, depreda y busca consumar su saqueo y ocupación ilegal en nuestro – nuestro – Atlántico Sur. Cuenta con la complicidad de otras orgas muy poderosas: EEUU, la UE, la OTAN, etc. (usted puede seguir agregando, porque las hay). ¿Más fuente de inseguridad que el despojo del propio territorio? ¿Más fuente de inseguridad que la ocupación militar extranjera en nuestra patria? (ver en https://proyectonacional.wordpress.com el “Mapa de la soberanía argentina en peligro”).

 

 

Así que propongo barrer de cuajo con la ingenuidad – o con la mala fe de los que realizan sus sucios negocios haciendo la del tero (que confunde al predador piando con estridencia lejos del nido)-.

La inseguridad es resultante de organizaciones que buscan apropiarse de una sociedad como si se tratara de un territorio que hay que copar para ejercer su nefasto quehacer. El pibe sinvergüenza o violento, de cualquier clase social, es el eslabón final o débil, el carne de cañón, el mandado; obsesionarse por encanarlo –cuando no matándolo gatillo fácil mediante – es una resolución, además de cruel, precaria; los que manejan la cosa disponen de sustitutos en su nómina.

 

 

El reclamo popular

 

El reclamo por la seguridad es un reclamo popular. Hay que cortarla con que es una sensación o una típica demanda de la clase media.

Es un reclamo popular que hay que saber interpretar y saber canalizar; es el reclamo que resume, en un mismo grito desesperado, desde “basta de atropellos e injusticia” hasta “queremos trabajo, queremos una Argentina próspera, queremos un Estado justo que cumpla con su rol, queremos que se genere y se distribuya riqueza, queremos dignidad para todos”.

En otros términos: nos equivocamos si convalidamos gratuitamente que la masividad del pedido de más seguridad es vocinglería de autoritarios y de zonzos, fácil carne de la manipulación, que le hacen el juego encerrados en su individualismo.

Acertamos si lo entendemos como una exhortación popular a terminar con bandas y cómplices con mucho poder, con bastante más poder que el de la ciudadanía misma.

Quienes tenemos vocación social y política o responsabilidad como dirigentes debemos entender tal reclamo, orientar, proponer una estrategia y políticas y aplicarlas (ver en  https://proyectonacional.wordpress.com
el documento de GESTAR: “Elecciones ¿qué hacemos?)

 

Ya se convocó a elecciones generales, nuevamente viciadas. Estaría muy bien tornarlas en un instrumento que sirva para reclamar la necesaria transformación política institucional que siente las bases de la democracia plenamente inclusiva, de la democracia genuina que no es otra que la democracia participativa; es decir, el sistema en el que los pueblos se gobiernan.

 

 

Una acotación

 

Dejo en claro mi rotunda oposición a la pena de muerte. Creo que jamás debería citarse como modelos de institucionalidad a países en las cuales dicha pena tenga vigencia.

Muchos son los argumentos que fundamentan esta oposición; desde que no condice con la tradición espiritual de nuestra comunidad y que implica vulnerar la Constitución y las leyes internacionales hasta su ineficacia, pasando por el riesgo de aplicarla a inocentes, que no es de fácil decisión, que encarece los procesos, etc.

 

Agrego una razón: si se conoce la mentalidad a fondo de los criminales de “verduqui”, la pena de muerte es hasta un símbolo de honor; hay que ser todo un “grata”, todo un criminal temerario para merecerla y, por lo tanto, propicia identificación. Para muchos malhechores, en los países que se aplica, llegar a ser condenado a muerte es un mérito. ¿Lo pensaron sus propiciadores?

 

 

 

             Rubén Rojas Breu, Buenos. Aires, marzo 2009

 


 

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APUNTES SOBRE LA RESERVA FEDERAL ¿ES EL MAYOR PODER DEL MUNDO? Por Enrique Oliva

marzo 23, 2009

22/III/09                                                                                                          Por Enrique Oliva

            La Reserva Federal, o FED (según su abreviatura en inglés) fue fundada en 1913 a iniciativa del poderoso y tradicional imperio de la banca europea de la familia Rothschild concretando un ambicioso proyecto de conquistar Nueva York con la audaz intención de ganar una posición de fuerza en las finanzas norteamericanas. Con asociados yanquis y europeos, llegó el grupo a constituir el mayor círculo de poder del mundo económico, financiero, político, industrial y de comunicaciones. A casi un siglo de su fundación, en esta crisis busca consolidarse aun más dentro del “capitalismo salvaje”. Como en situaciones anteriores, no es descartable la posibilidad de llegar a otra guerra mundial. Ante esta última perspectiva cabe recordar la profecía de Albert Einstein: “No se cómo será la tercera guerra mundial, pero cuarta será con piedras y lanzas”.

            El proyecto comenzó cuando la Banca Rothschild instaló en Nueva York a un agente llamado Paul Warburg. A través de él se reclutaron fuertes aliados yanquis con empresas de renombre como John Rockefeller I con su Standard Oil Company, el zar de los ferrocarriles Edward Harriman, el magnate del acero Andrew Carnegie, más los banqueros Lehman, John P. Morgan & Co. Kuhn Loeb & Co. y Jacob Schiff.

            A ese ramillete, los Rothschild agregaron a sus propios bancos europeos más los de Lazard Frères  de París, al citado Paul Warburg como operador en Holanda y Alemania, e Israel Moses Seif de Italia. Siempre encabezados por la familia Rothschild seguida por los Rockefeller, instalaron entre los siglos XIX y XX diversas sucursales en el interior de Estados Unidos de la Federal Reserve Banks (FED) y juntos dieron el gran salto.

            Con manejos lobistas nunca bien justificados, lograron en 1913, entre gallos y medianoche, siendo presidente de EEUU Woodrow Wilson, autorización para funcionar como banco central privado. Se le acordó la exclusividad para emitir moneda norteamericana con la garantía del estado. Las entidades financieras fundadoras internacionales ya nombradas, conformaron el directorio, designando primer presidente a Paul Warburg el hombre de los Rothschild.

            En las dos guerras  mundiales  Estados Unidos fue el único país que salió ganancioso de las mismas y el resto de aliados endeudados, sufriendo penosa desocupación y convulsiones sociales. El dólar se convirtió en el rey de los intercambios internacionales, desplazando definitivamente a la inglesa libra de oro, hasta usada como fichas en casinos.

             “El oro de reserva por las emisiones de marcos alemanes se convirtió en botín de guerra. Más de 30.000 toneladas del oro universal se acumularon así en Estados Unidos. El oro sirvió de cobertura al dólar. Pero como gran parte estaba haciendo el papel de reserva monetaria en las cajas de los bancos centrales extranjeros, Estados Unidos pudo seguir imprimiendo más dólares, en cantidades que ya no se correspondían con sus reservas en oro… En 1971, el discutido Richard Nixon, presidente entre 1969 y 1974, anuló la convertibilidad del dólar en oro y, asimismo, la garantía del estado sobre el valor del dólar… Se trata de la moneda privada libre de la FED. Pero la masa monetaria de dólares que la FED pone en circulación (desde marzo 2006  no ha publicado la cantidad de la masa monetaria) se ha convertido en un problema sin solución: la masa mundial de bienes se cuadriplicó durante los últimos 30 años, pero la masa monetaria se multiplicó por 40 ¿cómo funciona este banco privado con derecho a imprimir los dólares? La FED produce dólares. Los presta al gobierno de Estados Unidos a cambio de obligaciones que le sirven a la FED como garantías. Los bancos de la FED en posesión de esos títulos perciben intereses anuales. Muy astutos. ¿No les parece? Ya en 2002, las obligaciones en poder de la FED alcanzaban un valor de 5 TRILLONES de dólares. La FED se hizo de ese increíble patrimonio prestándole dinero al gobierno y los intereses que paga el contribuyente estadounidense siguen aumentando constantemente.”

            Sin embargo, los controles sobre sus actividades fueron siempre un misterio como sus variadas ampliaciones de facultades. La FED creó las normas de la globalización internacional. Está dirigida como una entidad de capitales privados, por 12 grandes bancos norteamericanos y europeos.

            Si se repite que la crisis es la más grande de la historia de la humanidad, no estamos exagerando. El influyente archimillonario yanqui Warren Buffet, refiriéndose a esta nueva calamidad, dice que “Estados Unidos cayó en un precipicio”.

 

Preocupante carencia de información de la FED

            Cuando durante 30 años ningún presidente de la Reserva Federal daba una entrevista televisiva, lo hizo el actual Ben Bernanke el 15 de este mes de marzo, en el difundido programa 60 minutos con el periodista Scott Pelley por la cadena CBS. Se mostró muy optimista tratando de trasmitir un mensaje de confianza a los norteamericanos. Predijo que “la recesión terminará pronto, muy probablemente este año”; que “los grandes bancos son solventes”. Pero, advirtió: “En un guiño a quienes piensan que la banca debería ser nacionalizada, Bernanke dijo que le preocupaba que pudiera haber una falta de voluntad política para la adopción de nuevas medidas a fin de estabilizar el sistema bancario. La historia nos enseña que uno no puede lograr una recuperación económica sostenida mientras el sistema financiero esté en crisis.” (Clarín 17/III/09, nota desde Washington de Ana Barón). ¿Deberá entenderse que se continuará dando dinero a los bancos culpables de errores y delitos en sus operaciones?

 

Instituciones colaterales de la FED

            Prácticamente no hay nada de poder en Estados Unidos y el resto del llamado Mundo Occidental que escape a la influencia de la Reserva Federal. De ella han salido entre otros los proyectos y manejos de instituciones tales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Mundial (BM), Organización Mundial del Comercio (OMC), Grupo de los siete Países más Industrializados (G7), Grupo de los 20 (G20) y una cantidad de organismos de tipo cultural, de investigaciones científicas y educación, en especial con universidades ricas –todas pagas- donde se cultivan jóvenes para servir de gerentes de multinacionales. De estos últimos opinó “Lula” da Silva recientemente: “Estoy cansado de viajar para escuchar a hombres de 30 años enseñando lo que debemos hacer en Brasil, cuando no saben donde queda”.

            Asimismo tiene a su disposición la FED una red oficial de varios cientos de Organizaciones no Gubernamentales (ONG), manipuladas en parte por los servicios de inteligencia, con rótulos de humanitarias, ecologistas, alfabetizadoras, etc. etc. que han protagonizado frecuentes escándalos de corrupción. Diversos países las han expulsado, como son los casos recientes  de Bolivia, Venezuela, Ecuador y Sudán.

 

La FED y el Pentágono

            Entre la FED, el Pentágono y las industrias de guerra existen estrechos vínculos.  Manejan los fondos que se imprimen para los gastos de armamentos y controlan el accionar de fuerzas de mercenarias para proteger a multinacionales en la explotación de recursos naturales en países pobres. Para esos sectores, aunque el Congreso pueda a veces rezongar, siempre hay cantidades considerables para sus planes, a pagar por contribuyentes.

            En estos momentos, el presupuesto para la defensa de EEUU iguala al del resto de los presupuestos de guerra del mundo. Entre Rusia y EEUU la diferencia es tanta, que Moscú acaba de anunciar un plan de rearme y modernización, incluyendo su arsenal nuclear.

            Es un secreto a voces en Washington que el Pentágono se maneja con gran independencia. A pocos días de asumir Barack Obama, la prensa comentó que el nuevo presidente visitó la sede militar “para que le digan toda la verdad sobre la situación en Iraq y Afganistán”, permitiendo suponer de esas palabras que algo se le ocultaba.

 

¿Dos presidentes asesinados por los banqueros?

            Abraham Lincoln, en plena Guerra de Secesión consideró abusivas las condiciones que le imponían  los bancos privados para prestarle dinero que ellos imprimían. Entonces decidió emitir por intermedio del estado y con la garantía de éste. Pero fue asesinado el 15 de abril de 1865 de un tiro en la cabeza.

            “El presidente John F. Kennedy fue el primero que trató de transformar la FED suscribiendo un decreto presidencial (executive order number 11.100). Poco después fue asesinado en Dallas (Texas) el 22 de noviembre de 1963,  probablemente por su propio servicio de inteligencia. Lo primero que hizo su sucesor, Lyndon Johnson, en el avión presidencial que lo traía a Washington desde Dallas, fue anular el decreto de Kennedy. ¿Cuál es la situación actual? Los bancos privados tratan por todos los medios de mantener y reforzar su gigantesca fuente de ingresos: el dólar. Y los países que quieren establecer sus relaciones comerciales internacionales (en adelante) sobre la base del euro, como Iraq, Irán o Venezuela, se los tilda de terroristas.” Y Rusia ha empezado a operar en rublos.

             Aquel 22 de noviembre, dentro del avión presidencial, antes de partir rumbo a  Washington con el cadáver de Kennedy, el mundo pudo ver por televisión a Lyndon Johnson jurando como nuevo presidente ante un juez de Dallas. Junto a él estaba  Jacqueline Kennedy (con el rostro desencajado y la ropa con grandes manchas de sangre de su esposo). Terminada la corta ceremonia, de inmediato se cerró la puerta del avión y emprendió el regreso a la capital. Y Johnson llegó a Washington con su decreto sobre el “salvataje” de la FED y el cadáver de Kennedy.

                                                                                                            

Nota: Este artículo ha seguido en parte el trabajo divulgado por la Red Voltaire, quien lo tradujo al español de la versión francesa de Horizontes y Debates. Los párrafos entre comillas son transcripciones textuales de la misma fuente.

LA DEUDA EXTERNA ES IMPARABLE

marzo 22, 2009

LOS NUMEROS QUE NO CIERRAN

LA DEUDA EXTERNA ES IMPARABLE 

Mario Cafiero

¿Nos estamos desendeudando realmente como dicen los K?

Para saberlo tenemos que consultar a las cifras del INDEC. Ahí nos encontramos con que el primer engaño no fue el de disminuir artificialmente los índices de inflación (para bajar los índices de indexación de parte de la deuda pública); sino que el engaño mayor fue disminuir artificialmente el monto de la deuda mismo.    

En efecto, luego de la renegociación de la deuda de Kirchner-Lavagna del 2004  -para mostrar que había sido “exitosa” la quita- se ocultó al capital de la deuda en los intereses a pagar por un monto cercano a los 12.000 MU$S. Esto lo denuncié cuando era diputado. También se sacó del monto de la deuda lo correspondiente a los “holdouts”, cuando nunca se repudió esa deuda, eso hoy suma 30.000 MU$S.

La cifra real de la deuda hoy sería de la que muestra el INDEC 145.000 MUS$ más la oculta de 42.000 MU$S, o sea 182.000 MU$S. Recordemos que cuando entramos en default en el 2001 la deuda era de 145.000 MU$S. O sea que en el periodo NK-CFK la deuda aumentó, a pesar que se pagó cash de intereses y capital. Otras de las razones por las que en el año 2008 se registró un aparente no aumento de la deuda fue por las diferencias de cambio entre el Euro, el dólar y el peso. De esa forma se disimularon otros 6.000 millones de dólares  

 ¿Por qué es pagamos miles de millones anuales y sigue subiendo la deuda?

El endeudamiento externo es un proceso que viene desde 1976. Aunque parezca una insensatez absoluta la deuda ya la hemos pagado varias veces y seguimos debiendo. Si se investiga este fenómeno –despojado de los fuertísimos intereses políticos y económicos en juego- se llega a la conclusión que:

-Los intereses de la deuda son por lo general más altos de lo que crece la economía del país. Por lo que estamos frente a una usura crónica. El país creció el año pasado al 7,8 % anual, y pagó intereses con los bonos cedidos a Venezuela del 15,4 % anual. O sea el doble.

-Así como hoy se ve claramente en la crisis mundial, que los Estados se endeudan para salvar a los bancos; en nuestro país las crisis de los últimos 30 años se “resolvieron” trasladando al Estado los pésimos negocios privados, pasando la deuda fraudulenta del BCRA al Estado nacional (Cavallo lo hizo en 1982, y en 1991, y Lavagna lo hizo en el 2004 maquillando los resultados).

La Argentina desperdició tres grandes oportunidades históricas para poner fin a este sistema : Alfonsín en 1983 además de juzgar a las Juntas, debió haber declarado la ilegalidad de todos sus actos de gobierno, y repudiado la deuda odiosa. No lo hizo, solo se animó a lo primero, y así le fue  y nos fue. Duhalde debió haber repudiado la deuda ilegal del 2001, comenzando por el megacanje de Cavallo, y además investigado el feroz vaciamiento de las reservas financieras del sistema. En lugar de eso, derogó la ley de subversión económica que permitía esa investigación, e hizo un salvataje integral de los bancos. Proporcionalmente un salvataje de tal magnitud, como el que actualmente no se puede concretar en los EEUU, por el absoluto rechazo de la opinión pública. Siempre se optó, vaya a saber por qué ocultas razones, a esconder la basura debajo de la alfombra, así nos va.

La posterior renegociación de Kirchner-Lavagna tuvo resultados pésimos, porque se basaba en el supuesto absurdo de volver al mercado de capitales inmediatamente después del default, y dejando a los holdsouts en el camino. Así optaron por la peor de las soluciones y dejaron a Argentina a mitad de camino, al no impulsar una solución soberana de ESTADO, ni una solución amistosa con el mercado. Por eso tal como lo previmos en las críticas que hicimos a ese arreglo en el 2005, a poco de andar estamos ante una nueva crisis de deuda. Esperemos que ahora no desaprovechemos esta nueva oportunidad, ante las enormes oportunidades para hacer herejías que brinda la caída  del sistema financiero mundial.

¿Con la programación actual, cuando terminaríamos de pagar la deuda?

La deuda tiene una contracara o socio perfecto que es la fuga de capitales. En los últimos 30 años, por cada dólar que entró se fugó un dólar. Es lo que llamamos el “sistema de la deuda”. Es un sistema de succión o “saqueo” de capitales de la periferia a los centros financieros internacionales. Nuestros ahorros se fugan y estamos dependiendo permanentemente de capitales externos. Por ese efecto y por el peso de los servicios de intereses, nunca vamos a terminar de pagar la deuda, siendo por lo tanto una servidumbre perpetua. Hay que reconstruir un esquema financiero  autónomo y regional. Hay que discutir una un nuevo sistema bancario para que el ahorro interno se transforme en inversión y no en fuga.  Si no cambiamos el “sistema de la deuda”, se puede decir que nunca vamos a terminar de pagarla. 

¿Cuál es la relación deuda – PBI a través de los gobiernos?

Hoy es de cerca del 70 % del PBI, pero se aconseja que no sea mayor del 30%. El problema es que buena parte de la deuda es externa o puede rápidamente transformarse en ella, por lo tanto ante cualquier crisis dependemos de los que manejan el monopolio de la emisión de dólares o sea de la Reserva Federal o sea del selecto grupo de bancos internacionales que la controlan. 

Si se estableciera una comparación de este gobierno con respecto a los anteriores de la democracia, ¿qué postura identificaría a cada uno?

Cambio mucho el discurso, pero hay un perfecto continuismo en las políticas  de endeudamiento, libre movilidad de capitales, y fuga de divisas. El estilo del actual gobierno parece ser el de embrollar los problemas a los que no puede o no se anima a darle una salida realmente heterodoxa como correspondería.

Tanto el gobierno como la oposición están presos de una postura ortodoxa -la misma que brilló desde el advenimiento de la democracia- y hoy el país está ante un grave conflicto, porque el gobierno en una absurda postura antikeynesiana, pese que predica lo contrario, no quiere bajar las retenciones agropecuarias -dice que las necesita caja para pagar la deuda-  y la oposición propone una estúpida vuelta al Fondo, tanto en sentido real como figurado. No por algo los que proponen esta última salida son los mismos que estuvieron involucrados en la crisis financiera del 2001, o en su encubrimiento, como el banquero Prat Gay.

 ¿Qué alternativas o salidas hay para resolver el tema de la deuda?

La Argentina debe aprovechar esta crisis mundial para replantear definitivamente este grave problema. Lo primero que hay que hacer es auditar la deuda,  replantear el sistema bancario y financiero y el rol del Banco Central.

 ¿Qué habría que hacer con el Club de Paris y los bonistas que quedaron fuera del canje?.

La totalidad de la deuda con el club de París fue contraída por la dictadura del 76-82. O sea es una deuda calificada como deuda odiosa o ilegítima.  Siendo la Unión Europea defensora a ultranza de los derechos humanos, se debería explorar con firmeza una solución política, desde el planteo que hay corresponsabilidad de los países europeos en el financiamiento de la dictadura. De ninguna manera se debe pagar tocando reservas del Banco Central.

Respecto a los bonistas, luego de la auditoría, habría que pagar lo legal y legítimo, cuando se pueda y buscando mecanismos de inversión.

LO QUE NO SE ESTÁ DICIENDO DE LAS ELECCIONES EN CATAMARCA

marzo 14, 2009

 

 

Las elecciones de Catamarca han sido consideradas por los medios, el gobierno y la oposición, como una confirmación de la democracia. Pero ¿qué es lo que no se dice de dicha elección? ¿Cuál es el hecho que se esconde, que se “desaparece”, que se ningunea?

 

Es el siguiente: de 243.797 votantes potenciales, sólo votaron 150.953. Es decir, el Frente Cívico obtuvo el 26,17% real de los votantes, el FPV el 20,22% real de los votantes y los ciudadanos que se abstuvieron fueron el 41,57%.

 

Ante esta realidad, las patéticas pulseadas entre el gobierno nacional, sus aliados circunstanciales y la oposición, ahora exultante y creída de que acometió exitosamente una epopeya, son el síntoma de una dirigencia agotada y agónica, que sigue girando en el vacío y cuyo único recurso parece ser esconder la realidad. Con la complicidad de los medios de comunicación más poderosos y los analistas de siempre, pretenden negar lo evidente: que una parte creciente del Pueblo les da la espalda. No acompaña estos procesos electorales que oscilan entre la comedia de enredos y el grotesco. ¿Será porque la enorme mayoría de los argentinos que sufre cotidianamente la tragedia de la exclusión, del hambre, de la falta de horizontes, de la inseguridad y de la injusticia más degradante, ve que el oficialismo y la oposición se ocupan de sus luchas por el poder, pero no hacen nada para enfrentar y resolver seriamente sus angustiantes problemas?

 

En el documento “Elecciones ¿qué hacemos?”, que días atrás dimos a conocer, decíamos:

“En este contexto institucional vaciado, una porción de la población argentina – creciente de elección en elección – se niega a participar de los eventos electorales. Sea para no sentirse cómplice de tales procesos, sea porque está convencida de que haga lo que haga, todo va a seguir igual.”

 

Reiteramos la convocatoria que hacemos en él a superar la falsa democracia representativa y a construir, entre todos, una democracia participativa con justicia social. Reiteramos también nuestra disposición a compartir con otros grupos la refundación de una Argentina soberana y justa, que se encamine por la vía del desarrollo para todos los argentinos y que avance decididamente a la integración latinoamericana

GESTAR

Grupo Encuentro Social para la Transformación Argentina

¿TOMAR DEL PODER O DESARROLLAR EL PODER? Por Carlos Wilkinson

marzo 13, 2009

 

Nunca me gustó la frase “la toma del Poder”; no sé muy bien porqué. Supongo que es porque “cosifica” el poder, como si fuera un objeto que está allí, y hay alguien que lo tiene, a quien hay que quitárselo. De esa forma se impide visualizar el aspecto relacional del poder. Dado que siempre que se habla de poder, en realidad, se está aludiendo a una relación de poder entre dos o más personas o grupos o sectores sociales entre sí.

 

Sin embargo, algo tiene de cierto esto de tomar el poder. Porque existe una cosa llamada Estado, en la que se concentró el “uso legítimo de la fuerza pública”; es decir que en la “cosa” llamada Estado, existe una porción importante del poder, en la medida en que dicha organización o “aparato”, al tener la exclusividad del uso de la fuerza pública, está capacitada para imponer al resto de la sociedad una acción hegemónica absoluta. Dicho de otra manera, el Estado está capacitado para hegemonizar o dominar la relación Estado/sociedad.

 

La división de ese Estado en tres poderes y el sistema electoral que le permite a la sociedad, supuestamente, decir quien va a ejercer ese poder, no elimina en absoluto la condición básica de dicho Estado: la hegemonía absoluta en el uso legítimo de la fuerza sobre el resto de la sociedad. De más está decir que esta estructura del Estado fue pergeñada por la nobleza y la burguesía europea, entre uno de sus motivos fundamentales, para quitarle poder al campesinado que disponía de armas, y en consecuencia de poder de coacción propio. Al quitarle la posibilidad de usar la fuerza, anularon su capacidad de oponerse al “Estado” que ambos sectores armaron en función de su ideología e intereses; asegurándose que el pueblo no deliberara ni gobernara, sino “a través de sus representantes”.

 

Es bueno recordar que ese Estado europeo fue “exportado” a nuestra América para “imponer” sus designios, no al campesinado rebelde, sino a todos los pueblos originarios y criollos o nuevos gestados en estas tierras. De manera que su carácter impositivo fue mucho mayor aún que en Europa.

 

La pregunta del millón es ¿Al buscar y eventualmente tomar ese poder estatal no estamos convalidando y reforzando una relación de imposición hegemónica de un aparato estatal sobre toda la sociedad? Creo que resulta evidente que sí.

 

De manera que por ahí, la cuestión no pasa tanto por “tomar el poder” sino por modificar esa estructura de poder asentada en un Estado hegemónico, a partir de un cambio en la relación entre la sociedad y ese Estado. Para lo cual no es imprescindible esperar a tomar el Estado, ya que se puede ir desarrollando el poder social y presionando sobre el Estado, lo que implica modificar ya, en mucho o en poco, la relación sociedad/Estado. Y aunque para lograr ese cambio sea necesario – aunque para nada suficiente – “tomar el poder”, ésta toma del poder, tendría que transformarlo sustancialmente, para constituirse en un elemento más de la modificación de la relación de poder entre la sociedad y el Estado.

 

Resulta muy bueno recordar, en ese sentido, que, sistemáticamente, todos los movimientos populares, desde Artigas hasta Perón, dieron a la participación organizada del pueblo en el Estado un papel absolutamente esencial. Esto de “Un gobierno centralizado, un Estado descentralizado y un Pueblo libre y Organizado” tiene que ver con la transformación de la relación sociedad/Estado que necesitamos llevar adelante. Lo podemos llamar democracia participativa o social o directa, pero la base conceptual y metodológica a desarrollar, me parece que se encuentra por esos antecedentes en los que deberíamos profundizar; porque son los nuestros.

 

Marzo 2009

Cortes de ruta por descamisados,

marzo 9, 2009

La Presidenta al inaugurar un tramo de la autopista de Córdoba a Rosario, manifestó que ella pertenece a los argentinos “que construyen la ruta, no de los que la cortan“. Criticó así a la manifestación de ruralistas descamisados que para recibirla efectuaron una sentada en la ruta de acceso, para trasmitirle simbólicamente que el fisco les había despojado hasta de la ropa. Es indudable que media un abismo entre los “queridos descamisados” de Evita, y estos denostados descamisados rurales, donde la mayoría de ellos no son “cabecitas negras”.

Autopistas con costos lanzados

Lo que no dijo la Presidenta es que por ese tramo de la autopista, de 118 Km. entre Pilar y Ballesteros, a la fecha de su inauguración se llevan pagados 758 millones de pesos, pese haber sido contratado tres años antes con ROGGIO en 288 millones de pesos. Y la cuestión no acaba allí, porque se calcula que el monto final, con accesos a las poblaciones incluidos, va a superar largamente los 800 millones de pesos. O sea casi 7 millones por kilómetro de autopista, cuando había sido contratada en poco más de 2,4 millones el km.

 Se registró así un aumento respecto lo originalmente contratado de casi tres veces en tres años, pese que el INDEC nos dice que la inflación solo llega al 7 % anual. Se trata por ende de un saqueo al fisco, muy propio de la patria contratista que asola a nuestro país desde hace cincuenta años, en el que el Estado es el que parece haber perdido hasta la camisa. Mediante modificaciones, ampliaciones y mayores costos, el contrato con el Estado en manos de un contratista avieso y de funcionarios cómplices, se convierte en una obligación interminable para el fisco, similar a la de la deuda eterna.

 Simultáneamente la Presidenta inauguró un barrio de 400 viviendas, razón por la que una nutrida y agradecida concurrencia la aplaudió en su por momentos agresivo discurso. Pero si el Estado se hubiese ahorrado los más de 500 millones de pesos cobrados demás por ROGGIO en la construcción de la autopista, podría haber inaugurado 10.000 viviendas en lugar de 400, con lo que podría haber multiplicado por 25 la concurrencia que la aplaudía.

 Parecida situación sucede con los otros dos tramos de la autopista que están en construcción por parte de las constructoras IECSA y JCR (Juan Carlos Relats). El tramo desde Ballesteros a Leones, por un total de 63 Km., que el Estado contrató con la primera y esta subcontrató con la segunda, fue pactado originalmente en 362 millones de pesos. Pero actualmente con una ejecución del 45 % ya anda en los 691 millones. Un costo de 11 millones de pesos o 3 millones de dólares el Km., cuando el costo clásico del kilómetro es del orden del millón de dólares. Resulta evidente por lo tanto que con el esfuerzo mancomunado de empresarios aviesos y funcionarios corruptos, en poco tiempo su monto original logrará triplicarse con creces.

 A su vez el tramo de Leones a Tortuguitas de 44 Km., fue contratado con la UTE IECSA – JCR en 456 millones de pesos. O sea que aun antes del comienzo de la obra, ella ya cuesta 11 millones de pesos el Km., cuatro veces y media más que los 2,4 millones el Km. que se contrataron con ROGGIO tres años atrás. Estas cifras refrendan lo manifestado por el gobernador puntano Rodríguez Saa, que ha sembrado de autopistas su provincia, quién denunció que las autopistas emprendidas por la Nación cuestan cinco veces más que las ejecutadas por San Luís.

 O sea que el total de los 224 Km. de autopistas inaugurado y en construcción, trepará a un monto muy superior a los 2.000 millones de pesos. Equivalentes al monto de las retenciones sobre seis millones de toneladas de soja (unos doscientos mil camiones de soja) suficientes para construir 50 mil nuevas viviendas, o rehacer enteramente de nuevo a Villa María.

 Estas constructoras son también conspicuas contratistas de Yacyretá, ente en el cual actualmente cualquier contrato cualunque (contratado generalmente con enormes aumentos sobre el presupuesto oficial) trepa a los 500 millones de pesos. O sea son equivalentes a las retenciones sobre un millón y cuarto de toneladas de soja (42 mil camiones de soja), sobre las 40 o 50 millones de toneladas que en Argentina se cosechan al año. De esta manera el “monumento a la corrupción” apelativo con el que de larga data se denomina a Yacyretá, con el advenimiento de los Kirchner parece haberse extendido explosivamente a todas las contrataciones de obras públicas.

 
 

Keynesianismo solo para los amigos

 El gobierno con una simplificación propia de un escolar dice que su plan es keynesiano, por las enormes sumas de dinero que despilfarra en obras públicas. Y lógicamente la patria contratista nucleada en la  Cámara de la Construcción y la Unión de Constructores aplaude este supuesto plan a rabiar, refocilándose ante la presa, para la que tiene como cómplice al guardián del zoológico. En Italia y EE.UU la construcción es manejada por la mafia; y en Argentina lo es por esas dos cámaras, aunque sus procederes son en todos los casos iguales.

 Con ese keynesianismo elemental, el gobierno olvidó enteramente los otros dos factores fundamentales a los que se refiere Keynes. Uno es la baja de impuestos, que el gobierno se empecina en mantenerlos a toda costa, e incluso en aumentarlos indirectamente mediante tarifazos sobre los servicios.  El otro es la baja de la tasa de interés, un factor fundamental para Keynes que ni el gobierno ni el Banco Central se preocupan en rebajar, dejando que los bancos cobren a sus clientes lo que quieran, dándoles absoluta libertad para depredar.

 Por esta razón recientemente un grupo de ruralistas ocupó pacíficamente la filial del banco BERSA, propiedad de otro conspicuo amigo del poder. El ahora flamante petrolero Ezkenazi, quién hace un año asumió como presidente de YPF gracias a los muy buenos oficios de Néstor Kirchner ante la española REPSOL. Para posibilitar esta transferencia poco antes de dejar el gobierno Néstor dictó incluso una resolución, con la que elevó sustancialmente las retenciones a las exportaciones de hidrocarburos.

 De esta manera deprimió el precio de las acciones de YPF, para que pudiera comprarlas su amigo Eskenazi. Pero a la par mediante la reglamentación de esa resolución, la Aduana tornó en aguas de borraja ese supuesto aumento en las retenciones. De esta manera las retenciones efectivamente pagadas por los hidrocarburos, muy lejos de los niveles teóricos establecidos, fueron inferiores incluso a la de la soja.

 Recientemente al lanzar una nueva licitación a favor de la patria contratista, asombrosamente la Presidenta  se quejó por las altas tasas de interés que cobran los bancos… a los contratistas de obras públicas para el descuento de sus certificados. El permiso para depredar de la patria financiera, no alcanza por ende a la patria contratista, lo que pone en evidencia el orden de prelación en la cadena trófica establecido por el gobierno.

 
 

Los dueños de Argentina y socios del gobierno

 IECSA era propiedad de Franco Macri, quién supuestamente se la vendió  a su sobrino Angelo Calcaterra, quién a su vez es íntimo de Lázaro Báez, el amigo íntimo de Néstor Kirchner que se ha convertido en el zar del juego en Argentina, además de otros prósperos negocios que detenta en la construcción y petroleros. Tras esa venta Franco Macri se convirtió en acérrimo kirchnerista -incluso en oposición a su hijo Mauricio- como antes fue acérrimo menemista, alfonsinista, procesista, etc. Negocios son negocios.

 Por su parte JCR es propiedad de Juan Carlos Relats, amigo íntimo de Néstor Kirchner. A grado tal que es el quién explota la glamorosa hostería super VIP de Los Sauces en El Calafate, propiedad de la pareja presidencial que tiene su domicilio personal fijado en ese mismo lugar. La habitación más barata en dicha hostería cuesta 800 dólares la noche, así que si usted quiere hacer un canje de soja por una noche (cosa un poco dificultosa), tiene que ir allí con un camioncito con cuatro toneladas de granos del  yuyo de la soja.

 Relats le paga a la pareja presidencial cinco millones de pesos al año por la explotación de la hostería. De esta manera la fortuna de la pareja presidencial según sus declaraciones juradas, se ha multiplicado por nueve en cinco años. Pasó de poco más de dos millones en el 2002, a casi 18 millones en el 2007, y sigue en ascenso. ¡Estas si que son ganancias extraordinarias, libres de riesgo climáticos, retenciones e impuestos a las altas ganancias!

 Los peajes

 Empero en su discurso la Presidenta reprochó a los ruralistas, haber “crecido mucho” y querer “llevarse todo”, sin dejar “nada para los demás”. Trató de justificar de esta manera los peajes que cobra el fisco al productor rural mediante las retenciones, para permitirle acercar su cosecha a puerto. En el mejor de los casos, el producido de ese peaje va a pagar la deuda eterna. Y en el peor de los casos, va a parar a los abultados bolsillos de los contratistas amigos del poder. De ambas maneras generalmente el producido de esos peajes queda muy lejos de donde se originaron.

 Pero la Presidenta nada dijo del peaje que esos prósperos contratistas -los nuevos dueños de Argentina desde el Proceso Militar en adelante- abonan a los funcionarios de turno, para perpetrar sus negociados y poder cobrar sus enormes sobreprecios. Y sospechosamente una de esas garitas de pago de peaje sería la Hostería Los Sauces de El Calafate, con los rumbosos pago del alquiler que de ella hace el contratista Relats a la pareja presidencial. La mujer del César no solo debe ser honesta, sino parecerlo. Una mínima pudicia presidencial hubiese desaconsejado establecer prósperos “negocios privados”, con quién paralelamente por otra ventanilla recibe enormes prebendas del sector público. Pero tras el derrocamiento del viejito Illia, la austeridad y la pudicia parecen haber sido enterradas definitivamente en Argentina por parte de los allegados al poder.

 Gobernabilidad y gobernanza con el ejemplo

 La presidenta expresó  también que “la crisis es un desafío para todos los argentinos” y que debe tomar durísimas medidas que favorezcan al conjunto, en detrimento de intereses sectoriales, como los de los ruralistas. Es evidente que para que esas durísimas medidas puedan tener un mínimo de legitimidad y consenso y sean acatadas, deben suceder simultáneamente cinco cosas:

  1. Que el gobierno sea un ejemplo vívido de honradez y austeridad, contando así con la suficiente autoridad moral para imponer esas medidas.
  2. Que la cúpula del gobierno brinde el ejemplo de desprenderse de una buena parte de los cuantiosos bienes que posee, que han acrecido sustancialmente en los últimos tiempos, para destinarlos al bienestar del conjunto de la población.  
  3. Que el gobierno pueda dar cuenta del uso esmerado y sin despilfarro de cada peso que le ingresa, con absoluta transparencia y honestidad, cosa que brilla por su ausencia en funcionarios como Jaime y De Vido.
  4. Que el esfuerzo sea parejo para todos los sectores y no haya sectores privilegiados, como lo son actualmente la patria contratista, la patria financiera, la patria petrolera y minera, y la flamante patria lúdica o del juego. Ley pareja no es rigurosa, y la ley despareja lleva al desacato y la desobediencia.
  5. Que el esfuerzo sea proporcional para los integrantes de cada sector, dado que no es lo mismo un pequeño productor rural de la zona marginal, que un gran productor de la zona núcleo, estando de por medio todos los matices intermedios.

Ninguna de estas condiciones ni individual ni en conjunto se cumplen, ni parecen tener posibilidades de cumplirse. Razón por la que se puede afirmar que los márgenes de gobernabilidad del actual gobierno en el marco actual de la crisis nacional e internacional, se están reduciendo a cero, con los enormes peligros que esta afirmación implica.

 
 

Y en este marco de enorme crisis, como si se tratara de una “tormenta perfecta”, irrumpió nada menos que la seca, que ha agravado sustancialmente todo el cuadro rural. No solo por la falta de rentabilidad en las labores agropecuarias, sino también por los aspectos emocionales que la seca conlleva, como lo sabe cualquier persona relacionada con el campo.

 El gobierno en su empecinamiento en no reducir y/o segmentar las retenciones sobre la actual cosecha, y en dejar que los formadores de precios en la cadena agroindustrial hagan lo que quieran, parece no haber calibrado adecuadamente lo decisivo que puede resultar este factor. No está enfrentándose con personas que no quieren renunciar a su renta, como fue el año pasado, sino a personas que luchan por su sobrevivencia. Cualquier manual de estrategia aconseja no confrontar frontalmente con un enemigo desesperado.

 Jaqueado por problemas emocionales por la derrota que le propinó el campo,  y por problemas  de caja que no sabe resolver (pese a que tiene posibilidad de tomar efectivas medidas al respecto, si se decide a confrontar con los banqueros) el gobierno va en directo curso de colisión a un nuevo conflicto con el campo, que le va a resultar mucho más gravoso que el del año pasado. Tuvo la astucia de forzar la firma de un convenio escrito en la reunión con la Mesa de Enlace, con la que eludió los problemas cruciales; pero esta astucia táctica solo revela su ausencia total de visión estratégica.

 
 

La  historia como farsa

 Parecería en consecuencia que está por cerrarse un largo ciclo histórico que comenzó en el `45, sesenta años atrás, en el marco del enorme conflicto de la Segunda Guerra Mundial, con la irrupción en la escena pública de una rutilante pareja presidencial. Los legendarios Perón y Evita, que invocando justicia para los descamisados de entonces, impulsaron un profundo y auténtico cambio en la sociedad argentina. Empero la zaga de proteicos lideres justicialistas que vino después despilfarró totalmente esa herencia. Llevaron oprobiosamente al país a sucesivos desastres, en nombre de una acomodaticia interpretación de la doctrina peronista, que esencia solo pretendía el ejercicio del verticalismo -pese a que Perón había dicho que su único heredero era el pueblo- para llevar adelante planes que incluso venían elaborados desde afuera.

 Hoy la pareja presidencial de Néstor y Cristina, como una parodia de aquella dramática pareja presidencial de antaño, en el marco de la actual crisis nacional e internacional parece estar destinada por la historia para cerrar definitivamente ese largo ciclo de más de medio siglo de “pejotismo”. La historia se escribe, primero como tragedia, y después como farsa.-

 Javier Llorens

 Marzo 2009

LA VUELTA A EMPEZAR EN LA DEUDA EXTERNA FRAUDULENTA.

marzo 1, 2009

La deuda externa fraudulenta


Vuelta empezar


El canje de los Préstamos Garantizados remata
la maniobra de vaciamiento bancario del año 2001.

Mientras algunos de nuestros naciones hermanas actualmente se animan a enfrentar y tratar de elucidar la álgida cuestión  de las deudas públicas ilegales e ilegitimas, en nuestro país nuestro gobierno supuestamente “progre” hace todo lo contrario.

Frente a un complicado escenario de vencimientos de la deuda pública, dispuso refinanciar una parte ínfima de ella, por 15.000 millones de pesos, con el canje de los Préstamos Garantizados, mediante la emisión de una nueva deuda en títulos públicos a tasa de interés flotante, con vencimiento en el 2014.

Esta medida lejos de ser una solución, es más de lo mismo. O peor aún, una vuelta a empezar a hundirnos nuevamente en el sistema de la deuda, del que el país, si realmente desea ser políticamente soberano, económicamente independiente, y socialmente libre, está obligado indefectiblemente a salir.

El “sistema de la deuda” se basa en que ésta, de manera alguna se puede extinguir o cancelar. Solo se puede “enrrollar para adelante”, como una alfombra cada vez mas pesada, hasta que se hace imposible de sobrellevar; y finalmente el sistema estalla para volver a empezar. Como una servidumbre perpetua de la que está prohibido escapar.

Cabe aclarar que el hecho que el actual escenario de vencimientos sea muy complicado, es directa consecuencia la renegociación que Kirchner y Lavagna concretaron en el 2005. En ella se cometieron una serie de inexplicables errores garrafales, que nos dejaron a mitad de camino y sin resolver genuinamente el tema de la deuda, cuando era la oportunidad histórica para hacerlo.

N. Kirchner aceptó como válida toda la deuda heredada, pese que buena parte debería haberse denunciado como fraudulenta, como hizo recientemente Ecuador. Se descapitalizó al país pagando deuda cash con reservas, sin comprometer nuevo financiamiento. Se impuso una quita a parte de acreedores mientras otra parte salió indemne, quebrando así la paridad de esfuerzos. Se hizo socios solo en las buenas a nuestros acreedores, mediante unas absurdas Unidades Ligadas al PBI, cuyos montos a pagar suben por el ascensor en forma geométrica, mientras nuestro PBI sube por la escalera. Lavagna dibujó un plan de sustentabilidad de la deuda basado ingenua y torpemente en volver en forma inmediata al “mercado de la deuda”, mientras que al mismo tiempo se despotricaba duramente contra nuestros acreedores. Algo tan inconsecuente como ir a pedirle plata por favor al usurero, después de haberlo denunciado e insultado ante el pueblo.

Todo esto, sumado a la gravísima crisis financiera internacional actual, hace que no se pueda acceder a un nuevo financiamiento. Tal como lo anticipamos en nuestro trabajo del año 2005 ¡Oh Juremos con deuda morir!, en el que criticamos duramente al arreglo de la deuda de Kirchner – Lavagna de ese año, y donde pronosticamos un escenario como el actual para los años 2009 – 2010.

El intocable sarcófago de la deuda

Y no es que seamos observadores muy esclarecidos de la realidad, sino que frente a la deuda parece ser que rápidamente se nublan las mentes y personalidades políticas más esclarecidas, que por alguna razón u otra se encuentran cercanas al stablishment financiero. Ya sea porque hayan fugado divisas, como el caso de los fondos de Santa Cruz; o porque estén ligadas a quienes son fugadores profesionales, como los banqueros. Por esta razón, no es extraño que el gobierno K siempre haya favorecido a los bancos internacionales y que la principal oposición nunca diga ni mú respecto a este tema.

Es el caso de la Coalición Cívica, que -alejándose de sus orígenes fundacionales- se ha convertido en el partido de los banqueros “progres” de los Olivera, Prat Gay y Bullrich. Precisamente, esta permeabilidad de Carrió hacia personeros del stablishment, fue paralela a su renuncia a la verdad sobre la deuda. Cabe consignar que esta cuestión de los Prestamos Garantizados, fue el comienzo de nuestro distanciamiento político de esa agrupación, de la que fuimos fundadores en su inicio. Allá en el 2003, pusimos el grito en el cielo, cuando -pese su origen espurio- el ARI salió a sostener su pago pese a la declaración de default.

No es casual tampoco que en un principio hayan salido a apoyar el canje de la deuda de Kirchner y Lavagna del 2005. La corrupción no solo consiste en recibir sobornos y metérselos en el bolsillo. Consiste también en la corrupción intelectual de atenuar o anular el sentido critico respecto determinados temas, que molestan a determinados sectores del establishment o geopolíticos (como Malvinas). La corrupción consiste también en la corrupción moral y del espíritu de ceder al oropel y los cantos de sirena, por parte de quienes saben ejercer muy bien un suave y blando lobby a favor de sus intereses, sin que ello necesariamente venga acompañado de un sucio sobre.

En consecuencia, pese los discursos que tanto el oficialismo como la oposición “oficial” intentan articular, estamos con lo mismo de siempre en la cuestión de la deuda. Dando vueltas, como una calesita financiera, de la cual el país no se puede bajar; condenados como el mito de Sísifo, a permanentemente a la punta de la montaña la misma pesada piedra financiera, que a continuación montaña abajo vuelve a rodar.

Porque la deuda pública se puede criticar -incluso maltratando discursivamente a los acreedores como el FMI- refinanciar, defaultear y luego pagar, renegociar, o canjear. Pero en Argentina, cualquiera sea el color del gobierno, de centro, de derecha, de izquierda, de arriba, de abajo, para –supuestamente- los pobres, o contra los pobres, NUNCA SE PUEDE AUDITAR O INVESTIGAR. Se trata este de un capítulo absolutamente prohibido para esta democracia incompleta o “renga” que nos tocó vivir después del Proceso Militar.

Junto con los desaparecidos, esta es la herencia maldita del Proceso Militar. Y si bien la lápida de los desaparecidos se procura levantar, el sarcófago que encierra el secreto de la deuda, NADIE, NADIE, NADIE; ni el Congreso, ni la Justicia, ni el Poder Ejecutivo, ni la oposición “oficialista” se animan a tocar. Como los restos del emperador egipcio Tutankamón, que tanto deslumbraron a nuestra presidenta, los secretos de la deuda están preservados bajo seis impenetrables bóvedas. El secreto financiero, la inopia del Poder Ejecutivo, la inacción de la Justicia, la defección del Congreso, la elusión del tema por parte de la oposición, y el escatimamiento que hacen los medios de comunicación respecto esta decisiva cuestión.

La negra historia de los PG en cuatro actos

Por esta razón, pese a los múltiples intentos realizados ante los tres estamentos del poder, no hemos podido lograr que se efectuara una auditoria de la deuda. Pero con enorme esfuerzo la hicimos personalmente y la publicamos en el año 2003 en el libro “LA ARGENTINA ROBADA”.

Conforme lo que en el decimos, surge claramente que los Préstamos Garantizados (PG) que se están canjeando actualmente, provienen esencialmente del Megacanje del 2001, que preanunció la catástrofe de fines de ese año. Son la zaga espuria de ese famoso canje, por la que están procesados penalmente sus dos grandes responsables: el ex ministro de Economía Domingo Cavallo, y el secretario de Finanzas Daniel Marx (hoy devenido en lobbista de Obama).

Los PG son los hijos putativos directos  de la fabulosa estafa del Megacanje. Pero fueron además una pieza esencial en la enorme maniobra financiera que le permitió a los bancos internacionales –los mismos que hoy se encuentran en la picota pública ante el mundo- salir indemnes de la crisis argentina del 2001, cuyos efectos los argentinos todavía estamos pagando.

La impunidad financiera reina en Argentina desde los tiempos de Martínez de Hoz, pero este caso de los PG es el colmo del absurdo, al punto de convertirse en un verdadero latrocinio financiero. Y lo más deplorable de todo es que esta maniobra se urdió y consumió durante gobiernos democráticos, en el cual supuestamente funcionan los organismos de control, y también una “Justicia” supuestamente independiente. Que ahora aparentemente se encuentra alumbrada bajo el lema “Memoria, Verdad, y Justicia” respecto los derechos humanos. Pero que en relación a los grandes ilícitos económico financieros y en especial el tema de la deuda, en la práctica significa todo lo contrario: “Olvido, Mentira, e Impunidad”.

De esta manera nuestros actuales gobernantes, pese su aparente “progresismo”, poniendo su mejor cara de bobos han decidido -como siempre- que el Estado argentino “bobo” se haga cargo y socialice a libro cerrado las grandes pérdidas financieras. Y que los bancos privados y sus socios se lleven las grandes ganancias, que obviamente, tarde o temprano fugan al exterior.

No hay que ser un “gurú de la City” para entender la maniobra de “afano y fuga” que urdieron los bancos a fines del año 2000. Como la crisis argentina era inminente y previsible – entre otras razones por la propia usura que los bancos sometieron al Estado nacional, a las provincias y a los particulares- precavidamente se prepararon para ponerse a salvo, y perpetraron ese “afano y fuga” en cuatro actos, con tres canjes de deuda sucesivos, que se remataron con la instauración del “corralito” bancario:

  • Acto Primero: urdieron un “Blindaje internacional”, simulando que había “salvataje” para la Argentina, induciendo a desinformados ahorristas internos a invertir en bonos de deuda soberana argentina, próxima a caer en default. Con dicho Blindaje el FMI, el Banco Mundial, y España con su préstamo, se convirtieron en los grandes financistas de la fuga de capitales que se estaba por producir, para que los bancos y empresas extranjeras se pusieran a salvo de la catástrofe argentina que se avecinaba.
  • Acto segundo: perpetraron un Megacanje de bonos para supuestamente aliviar al Estado, cuando en realidad estafaron al Estado incrementando la deuda pública en 55.000 millones de dólares (preparándose así para la futura “quita” de los Kirchners). De esta manera los bonos que estaban en el exterior ingresaron en los bancos argentinos, o en las filiales argentinas de los bancos extranjeros.
  • Acto Tercero: canjearon las sustanciales reservas con que contaban los bancos argentinos (RML – Requisitos Mínimos de Liquidez) por los bonos del Megacanje o por cualquier otro título público que hubiera a mano. Con este “empapelamiento” bancario, se llevaron puestas al exterior las cuantiosas reservas líquidas con que contaba el sistema financiero argentino, que junto con las de convertibilidad a principios del 2001 trepaban a los 38.000 millones de dólares.
  • Acto cuarto: establecer un “corralito” bancario, porque los bancos ni el sistema de convertibilidad pueden funcionar sin reservas. Y simultáneamente efectuaron el tercer canje convirtiendo los títulos del Megacanje en “Prestamos Garantizados” con el ingreso de impuestos, autorizado por el decreto de Necesidad y Urgencia 1387/01, que a título de ejemplo lleva la firma de la hoy vocera de la Coalición Cívica, Patricia Bullrich.

Esta fraudulenta denominación de Prestamos Garantizados, violatoria de todas las normas de contabilidad
del Banco Central, cuyos artífices fueron Cavallo y Marx, junto al asesor de estos, Tomás Liendo; y se consumó a la vista y paciencia de banqueros como Blejer, Olivera y Prat Gay, no fue para nada
ingenua ni casual.

Por un lado con ella se encubrió el hurto de las reservas de los bancos, al ocultarse de esta manera que la fuga de depósitos de los bancos no había sido solventada en realidad con las reservas del sistema, que se habían hurtado; sino mediante una feroz recuperación de préstamos bancarios al sector privado que se practicó a lo largo del 2001, con la que se colapsó definitivamente la actividad productiva, precipitando así la crisis de fines de ese año.

Por otro lado, con estos seudo “Préstamos Garantizados” con impuestos, se logró evitar que ellos cayeran en default, e
ingresaran en la reestructuración de la deuda. De esta manera los grandes bancos en un alarde defraudatorio perpetraron una triple estafa. Primero se quedaron con las reservas que pertenecían a los ahorristas, sustituyéndolas por títulos públicos. Seguidamente lograron que esos títulos públicos no cayeran en default. Y finalmente lograron que el Estado se hiciera integralmente cargo de los costos del corralito y la pesificación asimétrica, que en gran parte eran consecuencias de su accionar. Y si alguien tiene dudas que los bancos puedan tener esta capacidad de maniobra, que por favor recuerden la derogación de la ley de “subversión económica”.

El quinto acto de la tragedia, el canje actual de los PG

Hoy, a libro cerrado, la presidente Cristina Kirchner efectúa el Quinto Acto y el cuarto canje en esa magna defraudación, pese la existencia de actuaciones penales abiertas contra esa sucesión de operaciones estafatorias, incluidas las del Megacanje, la conversión de la deuda del DNU 1387, y el corralito bancario.

Como resulta ya un clásico en la historia de la deuda, la presidenta y sus ministros transformarán la deuda en “Prestamos Garantizados” con los bancos, de difícil trasmisión que no cotiza en los mercados; en deuda en títulos públicos libremente transferible, que cotiza diariamente en los mercados. Una salida similar a la del Plan Brady de Cavallo de 1992, que transformó los préstamos que nos habían otorgado los bancos internacionales, en títulos públicos. Luego de sucesivos canjes y refinanciaciones, inspirados en la típica modalidad de la dirigencia argentina de “patear para adelante”, esos títulos se transformaron en el “festival de títulos públicos”, o bola de nieve financiera que aplastó al país en el 2001.

Manteniéndose fiel a la tradición argentina de beneficiar con cada canje cada vez más a los acreedores –la forma en que se arman las bolas de nieve financieras- con este canje se cambia el índice de ajuste del CER, con el cual el INDEC de Moreno estafó y estafa a los desempleados, asalariados, jubilados y tenedores de bonos de indemnizaciones (entre ellos las víctimas de los bancos y la dictadura militar) por la tasa flotante de interés correspondiente a los depósitos en bancos privados (BADLAR) mas un adicional, la misma que ha hecho actualmente impagables las deudas hipotecarias de los pequeños deudores.

De esta manera los banqueros de la City escapan limpiamente del “default técnico” que denunciaran con el absurdo manoseo del CER por parte de Moreno en el INDEC, sin que cese para nada esta gravísima mentira oficial, que perjudica a vastos sectores de la sociedad. Los privilegiados financistas no solo quedarán exentos de impuestos, sino también de las penurias del CER. CER o no CER, esta es una de las cuestiones que subyace en el canje de los PG.

Pero este cambio no solo supone una sustancial mejora en el pago de los intereses, que prácticamente se duplicarán del 11 % efectivo anual (CER mas 4 %), a mas del 20 % anual (BADLAR mas 2,75 % anual). Supone además, gracias a los artilugios de la matemática financiera, una sustancial mejora en el flujo de pagos a favor de los bancos y en contra del Estado. Porque en cada servicio de intereses los intereses “reales” ( 4 % anual”) no se pagarán sobre el capital reajustado con el CER (7,2 % anual), cuyo reajuste se cancela al final; sino que en cada servicio se pagaran los intereses nominales (18 al 24 %) anual, sobre el capital nominal que se cancelará al final.

Esto se ve agravado porque los servicios de intereses pasarán a ser trimestrales en vez de semestrales, lo que aumenta aun más la tasa efectiva de interés. Este cambio de la tasa de interés y de la modalidad de cálculo resulta particularmente ruinoso, porque en la práctica significa pasar de una deuda indexada, con bajo servicios de intereses; a una deuda tipo Circular 1050, destructora de deudores.

Si la tasa BADLAR llegara al 20 % anual, nivel que incluso superó recientemente, esto reportará un mayor pago a favor de los bancos de mas de 13.000 mil millones de pesos, casi equivalente al capital nominal de los PG rescatados ($ 15.000 millones); a cambio de extender el plazo medio de pago previsto para los PG con vencimiento entre 2009 y 2011, poco mas de dos años. Este costo de refinanciación por tan exiguo plazo, hace que la tasa de refinanciación efectiva, calculada sobre el plazo de refinanciación efectivo, sea leonina, usuraria, y lesiva para los intereses del país, al trepar al 30 % anual con los niveles de la BADLAR actual.

Se trata de una tasa de interés impagable para el más modesto de los deudores hipotecarios, con mayor razón para un país. Incongruentemente, por un lado el Estado financia los canjes de electrodomésticos con los fondos de los jubilados de la ANSES, con una tasa del 11 % anual, por importes de unos cientos de millones de pesos. Y al mismo tiempo se compromete a pagar el doble de interés a los banqueros, por montos por decenas de miles de millones de pesos. Es evidente que si la tasa BADLAR es presuntamente justa y equitativa para los banqueros, los grandes perjudicados -como siempre- serán los jubilados. Y si la tasa es justa y equitativa para los jubilados, el país –como siempre, incluidos los jubilados- está siendo esquilmado.

Proporcionalmente, los resultados de este canje supuestamente “voluntario”, son peores aún que los del famoso Megacanje. Ambos están inspirados en la misma lógica irresponsable, posibilista e inmediatista, de que es la “única solución” atento las circunstancias internas y externas que vive el país. Y que la cuestión es “patear para adelante la latita”; y el que venga después que Dios o el diablo lo ayude. Y si es contreras y le va mal, tanto mejor; aunque muchas veces sucede que uno tenga que beberse su propio brebaje, como le está pasando actualmente al gobierno de los Kirchners.

Cabe apuntar que ese artilugio de la tasa flotante fue el que dio origen a la impagable deuda externa fraudulenta que agobia a Argentina y otros países periféricos. Préstamos tomados a tasa flotante al 6 % anual con la banca internacional en la década del `70, terminaron pagando intereses superiores al 20 % anual, generándose así la bola de nieve financiera que aplastó al país en 1982, 1989, 1991, y ahora vuelta a empezar.

Dorando la píldora de la operación, se dispuso que la tasa de canje de los PG sea del 98 %, simulando así una quita simbólica del capital nominal del 2 %, que será compensada largamente con los flujos reales de pagos al que se obliga el fisco. Para un banquero resulta más beneficioso un aumento del interés, aun a costa de la disminución de capital, porque el interés se paga antes y periódicamente, en sucesivas veces, mientras que el capital se paga generalmente al final, en este caso en el 2014.

El gobierno se jacta además como si fuera una novedad, de la ausencia comisiones, cuando tampoco la hubo cuando se crearon los estafatorios PG, con los que se birlaron las reservas de los bancos, dispuestos en la misma fecha en que se instauró el inolvidable “corralito” bancario. También se jacta de haber logrado un acogimiento del 97 % (pretendiendo llegar ahora hasta un 100 %); cifras parecidas de las que se jactaba Cavallo… o el dictador africano Mobutu cuando ganaba todas las elecciones, sin advertir que la cuantía de la cifra, como se explica mas adelante, indica la anormalidad, no la normalidad del proceso.

Por esta razón la City financiera sonríe, brinda y festeja, contabilizando fructuosas ganancias futuras con esta reapertura del “festival de los bonos”, denominación con la que en 1987 el entonces secretario de Industria Roberto Lavagna, preanunció la crisis y el ocaso del gobierno de Alfonsin. Mientras tanto el sector productivo cruje y se queja, repitiéndose así indefinidamente el mal financiero que aqueja a Argentina.

Politica & Finanzas & Negocios

Como si esas prebendas financieras no fueran suficientes, el flamante titular de la AFIP Ricardo Echegaray se despachó prestamente a favor de los banqueros, eximiéndolos del impuesto a las ganancias que deberían oblar como consecuencia de la curiosa forma de contabilización de los Préstamos Garantizados que dispusieron Liendo y Cavallo, a los efectos de disimular la maniobra de vaciamiento de los bancos, y que tampoco pagaran ganancias. Los eximió por un importe que trepaba según trascendidos a los mil millones de pesos, en el mejor de los casos los difirió para que lo paguen recién dentro de cinco años, en el 2014.

Estas cifras y plazos suenan mas que generosos, si se los compara con el diferimento por un año por un monto del orden de los doscientos millones de pesos, que se dispuso a favor de los productores agropecuarios -que son el motor de la economía argentina- con motivo del dictado de la emergencia agropecuaria por la feroz sequía que asola al país, la peor en cincuenta años.

De tal manera el lema bobo del gobierno, que está “para solucionarle los problemas a la gente” (como si esto se pudiera hacer sin solucionar los problemas fundamentales del país) parece tener como preeminencia el de solucionarle los problemas a los empresarios amigos y los banqueros.

En este sentido es elocuente la reciente trayectoria de Echegaray, en el agitado año 2008. Simultáneo con el conflicto por el campo por la Resolución 125, Echegaray pasó de la Aduana a la ONCCA. Precavidamente se llevó bajo el brazo el control de las Declaraciones Juradas de Venta al Exterior (DJVE) de las exportadoras de granos. Estas casualmente estaban haciendo la ganancia de su vida, al comprar la soja al productor con la aplicación de las retenciones móviles de la resolución 125, para venderlas al exterior con las anteriores retenciones congeladas un año atrás, en momentos en que esa oleaginosa alcanzaba el record de cotización en su historia.

Posteriormente el áspero desarrollo del conflicto con el campo y la denuncia que efectuáramos ante la Justicia penal y ante el Congreso, planteando la sospecha de que la Resolución 125 no había sido dictada para allegar dineros al fisco y favorecer a los mas pobres, sino para que las exportadoras de granos pudieran concretar ese fabuloso negocio, obligó al gobierno y a Echegaray a sincerar la situación. En consecuencia conminó a las exportadoras a devolver los más de 2.000 millones de dólares que se habían quedado con ese juego especulativo de retener las retenciones, en perjuicio de los productores y/o el fisco. Devolución que lógicamente esas poderosas encartadas eludieron, con dilatorios planteamientos administrativos y ante la Justicia.

Pero seguidamente el mismo gobierno como la caballería de las películas del Oeste, pareció venir raudamente en auxilio de las exportadoras de granos, al disponer intempestivamente una improvisada moratoria y blanqueo de capitales, que les permitiría devolver pesificados, en diez años, con mínimos intereses del 7 % anual (muy lejos de los reconocidos con el canje de los PG), los dólares que habían birlado a los productores y/o el fisco. Y además les permitirá blanquear con una mínima tasa impositiva las divisas “en negro” depositadas en el exterior, resultantes de la diferencia del precio de venta declarado ante la Aduana, y el realmente vendido al exterior.

Inmediatamente después de sancionarse esa ley, Echegaray abandonó la ONCAA y fue designado como titular de la AFIP. Además de llevarse nuevamente las Declaraciones Juradas de Venta al Exterior bajo el brazo, es así el encargado de confeccionar la reglamentación de dicha ley, para que los “amigos” exportadores de granos encabezados por el senador kirchnerista Urquía, y otros dilectos amigos del gobierno encuadren perfectamente en ella.

Una de las primeras medidas de Echegaray fue la de poner a funcionarios de su muy estrecha confianza al frente de la sección de informática y compilación de datos de la AFIP. Con el evidente objeto de preservar a toda costa el secreto fiscal, en resguardo del blanqueo por venir. Así tanto el secreto fiscal, como el secreto financiero y el secreto aduanero, se han convertido en el principal resguardo de la delincuencia de guante blanco que desde el Proceso Militar asola al país.

El resultado concreto de esta “articulación” (como gusta denominar el gobierno) entre el Estado y los privados, será que los importes de la moratoria por la que los exportadores de granos devolverán al fisco los dineros mal habidos con la famosa resolución 125, serán aportados a los largo de diez años… por los productores agropecuarios. Lo harán mediante un módico aumento en sus márgenes de comercialización por parte de esos exportadores, en un mercado que funciona como un desembozado monosopnio u oligosopnio (uno o pocos compradores puestos de acuerdo, frente a múltiples y atomizados vendedores) a la vista y paciencia y con la complicidad del gobierno. A su vez la sospechosamente demorada labor de la comisión investigadora creada en el Congreso al respecto, se tornaría en una cuestión enteramente abstracta.

Se cumplirá así nuevamente el viejo dicho, que el “vivo vive del sonso, y el sonso de su trabajo”. Máxime si el vivo opera “articulado” con el Estado, y el “sonso” está peleado con él. Y con respecto a los PG el gobierno también hará honor al viejo dicho del medioevo, que desde el Proceso Militar parecen honrar todos los gobiernos democráticos que vinieron después: “de enero a enero todo el año es del banquero”.

El fraude de los PG con la fuga de sus garantías igual que los fondos de Santa Cruz

Además de las graves anomalías expuestas, propias del “sistema de la deuda”, la operación de canje de los PG esconde un grave engaño, tanto por parte del gobierno como de los banqueros. El primero se jacta de haber logrado una adhesión del 97 % por parte de los segundos, anunciando que va a intentar llegar al 100 %. Pero ambos ocultan prolijamente, que tanto el gobierno como los banqueros, en disimulada complicidad, están obligados a renovar el vencimiento de los PG.

Esto sucede por un lado, porque el gobierno carece de fondos para pagar los PG. Y por el otro porque los banqueros están imposibilitados de recibir el pago para extinguir esa deuda. ¿Por qué? Porque las garantías de la misma, consistente esencialmente en los bonos emitidos con el Megacanje, no obran en poder del fideicomisario (la Caja de Valores)
que debe restituirlos al Tesoro Nacional, una vez que este cancele los PG.

Misteriosamente, dichas garantías, consistentes en los mismos títulos canjeados por los PG, que conforme los artilugios financieros de Cavallo y Liendo deberían estar depositados en la Caja de Valores, se fugaron del país, igual que los famosos fondos de Santa Cruz, y aparecieron depositadas en Nueva York. La Caja de Valores, una vez cumplida la condición de fideicomiso de pago de los PG, está obligada a entregar esos títulos viejos al Tesoro para su extinción.

Pero esta obligación no la puede cumplir, porque los títulos que indebidamente aparecieron en Nueva York, fueron embargados por el juez norteamericano Griesa, a pedido de los fondos buitres y tenedores de los títulos argentinos impagos (holds out) que no entraron en el canje de deuda de Kirchner y Lavagna. Por esta razón esas garantías no se pueden devolver contra el pago de los PG; y menos aun extinguir.

¿Cómo se llegó a esto? Una versión, sostenida por los abogados de los holds out, dice que el gobierno infló los resultados del canje del año 2005, con los títulos que estaban depositados en garantía en la Caja de Valores, pero que no iban a ingresar a él. De esta manera, con una mentira de mayor tamaño aún que las del INDEC, el gobierno habría logrado que la adhesión a ese canje llegara al 75 %, cuando en realidad solo habría sido del 55 %, cambiando así notablemente en términos cuantitativos y cualitativos los resultados del mismo.

Sea verdad o no esta explicación, lo cierto es que tanto el gobierno, como los bancos, como la Caja de Valores, se niegan a dar una explicación plausible de porqué esas garantías estaban en Nueva York, a tiro de los acreedores. Evidentemente, en lo que va desde el 2001 al 2007, desde Cavallo a los Kirchner, alguien cometió una alta traición financiera contra los intereses del país, que tanto el gobierno como los bancos con el canje de los PG procuran disimular.

Para tratar de salir de este enorme embrollo, junto con el canje de los PG, también se habla de reabrir el canje con los holds out, que supuestamente está prohibido por ley. El jefe de Gabinete Massa afirmo sugestivamente que ambas cosas, enteramente desconectadas entre si, son parte de un mismo “paquete”. Si fuera sincero, debería haber dicho de que son parte de un mismo balurdo o un mismo embrollo, generado por una administración embrollona, que parece tener como principal guía de sus acciones, el embrollar aun mas las cosas, al no animarse -o no poder- darles una genuina solución.

No es casual que para la reapertura del canje del 2005, se haya designado nada menos que al Citibank, el Deutsche y el Barclays. Los mismos que intervinieron en el famoso Megacanje y en la conversión de deuda en PG en el 2001, y fueron los líderes del vaciamiento de las reservas financieras del país en ese año.

Por esta razón, para evitar que la liebre salte por ningún lado, se trata de llegar a una aceptación del 100 % en el actual canje de los PG, dándose diez días mas para ello, según se anunció oficialmente. A la par se anuncia la apertura de un nuevo canje para los restantes PG, por otros 15 mil millones de pesos, correspondiente a otros títulos del megacanje de mayor plazo y en poder de la banca extranjera, para el que se insinúa incluso que habría incentivos en efectivo para suscitar la adhesión de esta. Este inusitado interés en renovar de cualquier manera los PG manteniendo sus garantías colaterales a favor de los acreedores, con un altísimo costo para el país a cambio de un leve respiro inicial, evidencia que hay algo podrido, no en Dinamarca, sino con los PG.

El NO CANJE, el mejor de los canjes para el país

Con el canje de los PG el gobierno está incurriendo en un acto opaco e irracional, lindante con el delito y la estupidez, que la Justicia debería investigar. Porque además de pagar una deuda fraudulenta proveniente del vaciamiento bancario del año 2001, como todo el que paga mal, puede pagar dos veces una misma deuda fraudulenta, lo que sería el peor de los fraudes.

A la luz de las mencionadas actuaciones judiciales existentes en el país, y el problema del embargo de los garantías colaterales por parte del juez Griesa, lo menos que haría un gobierno honesto y sensato que no tiene nada que esconder, es suspender totalmente el pago del capital de los PG, para continuar pagando en todo caso solo los intereses de ellos, conforme las modalidades originalmente pactadas, hasta que se expida la Justicia. Así paradojalmente, el mejor de los canjes posibles para el país, en todo sentido, sería el de NO EFECTUAR NINGUN CANJE, hasta que los acreedores estén en condiciones de restituir las garantías colaterales de los PG, y hasta tanto las Justicia agote enteramente la investigación de los hechos acaecidos a lo largo del resonante año 2001.

Este NO CANJE sería el mejor de los canjes, porque reportaría un verdadero alivio a las arcas del gobierno, y preservaría además los títulos en manos de sus titulares de origen, sin permitirles diluir su responsabilidad mediante la tercerización de la deuda. Pero claro, canje quiere decir cambio, y para ello el gobierno debería “canjear” enteramente su conducta de opacidad y no investigación respecto la cuestión de la deuda. Y aceptar que para ella también es indispensable que rija la Memoria, la Verdad, y la Justicia.

Los beneficiarios de las maniobras

La insignes integrantes de la City financiera beneficiados con estas maniobras tienen nombre y apellido: son los bancos intervinientes en el Megacanje y a la vez tenedores de los PG. Entre estos descuellan el Citibank, Boston, BBVA, Galicia, HSBC, Río, y el extinguido BGN de los hermanos Rohm, procesados por el vaciamiento de este banco. Estos hechos están siendo investigados judicialmente, y deberían ventilarse en el juicio oral contra Cavallo y Marx por el Megacanje, que debería tener lugar este año.

Alguno de estos bancos internacionales (visualizados ahora como  “delincuentes financieros internacionales”, ya que sus estafas hoy asolan al mundo)  ya ni siquiera están en la Argentina, pero permanece otros socios menores de estas fraudulentas maniobras. Bancos nacionales como el Credicoop o el Macro, en cantidades menores pero importantes son poseedores de PG, y fueron “socios” pasivos o indirectos de esa magna maniobra de vaciamiento financiero del 2001. Tal vez por esto sus dirigentes son parte de un permanente canje de favores políticos.

Nuestra presidenta da lecciones de economía ética a todo el mundo, pero se olvida de empezar por casa. De esta forma está a punto de entrar por la puerta amplia, en la amplia historia de los amplios fraudes y engaños, cometidos en relación con la deuda pública.

Mario Cafiero – Javier Llorens

Buenos Aires, Enero 2009

El artículo que no quiso publicar la Fundación BBVA: Los diez mandamientos y el siglo XXI de Carlos Fernández Liria

marzo 1, 2009

En tanto que se cree en Dios, es plausible hacer el Bien PARA ser moral. La moralidad se convierte en un cierto modo de ser ontológico e incluso metafísico que nos es posible alcanzar. Y como se trata de ser moral a los ojos de Dios, para alabarle, para ayudarle en su creación, la subordinación del hacer al ser es legítima. Pues, practicando la caridad no servimos más que a los hombres, pero, siendo caritativo, servimos a Dios. (…) Es legítimo ser el más bello, el mejor posible. El egoísmo del Santo está justificado. Pero que muera Dios, y el Santo no será más que un egoísta: ¿a qué sirve que tenga el alma bella, que sea bello, sino a sí mismo? A partir de este momento, la máxima “actúa moralmente para ser moral” está envenenada. Lo mismo que “actúa moralmente por actuar moralmente”. Es preciso que la moralidad se supere hacia un objetivo que no sea ella misma. Dar de beber al sediento no por dar de beber, ni para ser bueno, sino para suprimir la sed. (…) [La moralidad] debe ser elección del mundo, no de sí.

Jean Paul Sartre 1

Nota aclaratoria.
Este artículo es la trascripción de una ponencia que pronuncié el 25 de julio de 2006 en uno de los Cursos de Verano de El Escorial (“Occidente: Razón y Mal”) organizado por la Universidad Complutense de Madrid y patrocinado por la Fundación del BBVA. Estaba previsto publicar las ponencias del curso en un libro financiado por esta Fundación. Durante ya casi dos años mostraron todo tipo de reticencias para la publicación de mi artículo, alegando que no se trataba de censura ideológica, pues mi intervención había carecido de “rigor académico y de seriedad científica”. Para no perjudicar a los otros autores que participaban en el libro, accedí varias veces a practicar la autocensura, limando expresiones coloquiales y suavizando el tono en la versión escrita de mi ponencia. Pero finalmente, han dejado claro que el libro no saldría si yo no retiraba mi contribución. Hacía año y medio que estaba deseando quedar liberado de mi compromiso, de modo que me alegro de poder publicar por fin este texto por otras vías. Lo grave no es el tiempo que se me ha hecho perder (desdichadamente el tema está lejos de quedarse anticuado). Lo grave es que esta anécdota es un síntoma fatal que anuncia un futuro muy nefasto para el mundo académico y la Universidad pública. El proceso de Convergencia Europea en Educación Superior, lo que se llama el “proceso de Bolonia”, se articula sobre la subordinación de toda financiación pública a la previa obtención de una financiación privada. Así, en lugar de financiar el mundo académico con criterios científicos, independientemente de la autoridad del mercado, se financia con dinero público tan sólo aquellos proyectos que interesan al mundo empresarial. Somos muchos los que llevamos advirtiendo que esta mercantilización de la Academia supone el colapso de la Universidad pública a medio plazo. Mi “competencia científica” y mi “rigor académico”, por ejemplo, tendrían que haber sido juzgados exclusivamente por los organizadores académicos del Curso (o por los miembros del tribunal de oposiciones con el que gané en su día la libertad de cátedra en tanto que profesor Titular de la UCM). Repugna a la idea misma de Academia que una institución privada, un Banco, tenga algo que opinar al respecto. Sin embargo, esta es la situación que se está generalizando con el proceso de Bolonia: la financiación privada tendrá en adelante la última palabra en el mundo académico, condicionará los planes de estudios, los proyectos de investigación, la distribución de departamentos, facultades y escuelas. La Convergencia Europea es el equivalente de una reconversión industrial en la Universidad. Es difícil entender cómo puede haber quien no lo vea claro2.

Para ilustrar la anécdota con la Fundación del BBVA, he preferido dejar el texto lo más parecido posible a la versión original del evento, respetando el estilo oral de la intervención.

Ponencia:

Nuestro tema es “Occidente: Razón y Mal. El mal en la política”. Hay que comenzar constatando una desorientación moral muy profunda. Esto es algo que podemos apreciar fácilmente con tan solo que pensemos en lo que a mí me parece un misterio insondable. Diez millones de votantes del PP apoyaron la invasión de Iraq argumentando que Sadam Hussein disponía de armas de destrucción masiva. El misterio, lo que a mí me parece el enigma moral más profundo de lo que llevamos de siglo, es que ahora que se sabe que jamás hubo en Iraq armas de destrucción masiva, y ahora que, además, se sabe que siempre se supo que no las había (ahora que se sabe que Bush, Blair y Aznar mintieron) de todos modos, esos diez millones de votantes van a seguir votando al PP (y muchos más millones a Blair y Bush). Se trata, como digo, de un misterio insondable que, por cierto, nosotros tenemos la obligación de abordar, pues para eso nos pagan a los profesores, investigadores, becarios y catedráticos de ética. Nuestra obligación, si es que queremos cumplir con nuestra profesión, es abordar la cuestión de qué ha ocurrido con la consistencia moral contemporánea para que ocurran esas cosas tan extrañas. Yo diría que todos deberíamos estar escribiendo un libro que, por cierto, ya ha escrito Fernando Savater: Los diez mandamientos en el siglo XXI. Lo que pasa es que ese libro es malo, pero malo con ganas. Pero su título es de lo más oportuno: tiene que haber algo muy mal planteado en la manera en que entendemos los mandamientos para que nuestra conciencia moral haya enfermado hasta los límites nihilistas que traspasan todos los días nuestros medios de comunicación. El delirio moral en el que estamos sumidos es sólo comparable al descalabro que causó la Iglesia católica durante el franquismo en la conciencia de los españoles. Cuando yo era pequeño, era pecado ver Lo que el viento se llevó, y los adolescentes, según los padres de la iglesia, iban al infierno por masturbarse. Sólo una secta de psicópatas puede perder hasta ese punto el sentido de las proporciones, pues en esa misma época se consideraba cosa discutible si también deberían ir al infierno los policías de la dictadura argentina que (en el cumplimiento de su deber) violaban, torturaban y desaparecían a no pocos de esos adolescentes abocados a las llamas del infierno. Para ser realistas, hay que decir que la Iglesia no ha recuperado demasiado el sentido de las proporciones. Aplicando sus peculiares parámetros, el papa Woytila, al que ahora quieren canonizar, le daba la comunión a Pinochet y medio excomulgaba a los teólogos de la liberación, dejándoles con el culo al aire en una situación en la que muchos de ellos no tardarían en ser asesinados. Tan sabia decisión se tomó por consejo del cardenal Ratzinger, nuestro papa actual3. Ahora bien, no cabe duda de que el papel de los medios de comunicación respecto del nihilismo contemporáneo es mucho más importante que el de la Iglesia. Los periodistas y los intelectuales mediáticos son los nuevos sacerdotes y obispos de este mundo secularizado en el que se ha vuelto imposible distinguir el bien del mal. Y algo de responsabilidad tendremos también en el mundo académico.

Probablemente, como consecuencia del bloqueo a Iraq a partir de la primera guerra del golfo, murieron un millón y medio de personas inocentes. Cerca de un millón más han muerto a causa de la guerra y de la destrucción de infraestructuras. El país está sumido en una guerra civil y sembrado de uranio empobrecido. En Iraq las embarazadas ya no preguntan al médico si es niño o niña, sino si viene o no con malformaciones. La gravedad de todo esto sólo es equiparable a la gravedad de que todo esto esté ocurriendo mientras conservamos nuestra tranquilidad de conciencia. Probablemente el nihilismo nunca había llegado tan lejos entre nosotros ni había gozado de tanta impunidad. Ni siquiera en esa situación tan vehementemente denunciada por Hannah Arendt, lo que ella llamó “el colapso moral de la población alemana”, una población que más o menos sabía y no quería saber que sabía de la existencia de Auschwitz y que con su indiferencia y su banalidad se hizo cómplice del holocausto. Los campos de concentración sobre los que se levanta nuestra tranquilidad de conciencia europea son demasiado grandes para rodearlos con alambradas. Nos sale mucho más rentable rodearnos nosotros mismos de alambradas: encerrarnos en una fortaleza inexpugnable, materializar con púas y cuchillas la “solución final” de nuestras leyes de extranjería, y dejar que la economía internacional se encargue por sí sola de perpetrar el exterminio. No es sólo que esto salga mucho más barato. Es que sale muy rentable, tan rentable que sus efectos superan con mucho la audacia de los surrealistas. La realidad se ha convertido en un chiste, en una broma de mal gusto. Según el último informe de Naciones Unidas, por ejemplo, resulta que el 1 % de la población adulta del planeta acapara el 40 % de la riqueza mundial, mientras que en el otro extremo el 50 % de la población apenas cuenta con el 1 % de la riqueza. Cuando lees estos datos piensas que están equivocados. Claro que, según un cálculo elemental, para que una de las 2500 millones de personas que subsisten al día con 2 dólares diarios, llegara a amasar, con el sudor de su frente, una fortuna como la de Bill Gates, tendría que estar trabajando (ahorrando todo lo que ganara) 68 millones de años. Otro chiste: por un anuncio de zapatillas deportivas Nike, Michael Jordan cobró más dinero del que se había empleado en todo el complejo industrial del sureste asiático que las fabricaba. Por supuesto que para que un absurdo tan abyecto se encarne en la cruda realidad de cada día hace falta administrar mucha violencia, cortar el planeta con muchas alambradas, deslocalizar poblaciones, descoyuntar, en definitiva, el cuerpo entero de la humanidad.

Es muy sintomático que Hannah Arendt esté hoy día tan de moda. Los estantes de las librerías están repletos de libros de Arendt, se cita a Arendt en el Parlamento, tenemos a Arendt hasta en la sopa. A todo el mundo le resulta interesantísimo que un pueblo entero, el pueblo alemán, colapsara moralmente en los años treinta del pasado siglo XX. En cambio, se lee muy poco (de hecho, ni siquiera se le traduce demasiado) a Günther Anders, quien fuera, por cierto, su marido. Anders se ocupó más bien de denunciar la continuidad de ese colapso moral entre nosotros, en la conciencia occidental en general. Lo que le preocupaba era que nos habíamos vuelto analfabetos emocionales y que eso nos abocaba a una abismo moral en el que todos nos hacíamos cómplices de un holocausto cotidiano e ininterrumpido. A mediados de los ochenta, Anders renegó del pacifismo en el que había militado toda su vida de forma tan activa y argumentó que la única solución era la violencia. “Hemos hecho todo lo posible por convencer al mundo y está claro que no vale de nada”. “El mundo no está amenazado por seres que quieren matar sino por aquellos que a pesar de conocer los riesgos sólo piensan técnica, económica y comercialmente”. La economía capitalista ha llevado el planeta a un callejón sin salida4. La situación es tan grave que, hoy día –plantea Anders- el recurso a la violencia por parte de los movimientos antisistema debe considerarse, sin más, legítima defensa. Estamos amenazados, la población mundial está amenazada de muerte, por vulgares hombres de negocios con aspecto inofensivo. “Considero ineludible que nosotros, a todos aquellos que tienen el poder y nos amenazan, los asustemos. No hay que vacilar en eliminar a aquellos seres que por escasa imaginación o por estupidez emocional no se detienen ante la mutilación de la vida y la muerte de la humanidad”. Estas citas están sacadas de un libro titulado Llámese cobardía a esta esperanza, que publicó una editorial marginal5 que, por supuesto, no ha gozado de la fortuna comercial de los editores de Hannah Arendt.

Günther Anders explica el insólito fenómeno de la tranquilidad de conciencia contemporánea aludiendo a lo que el llama “el desnivel prometeico”6. Es la idea de que, actualmente, somos capaces técnicamente de producir efectos desmesurados con acciones insignificantes. Aprietas un botón y una bomba cae sobre Hiroshima y mata a 200.000 personas. La desproporción entre la acción y sus efectos es tan grande que la imaginación se desorienta. Es imposible, por otra parte, vivir emocionalmente la muerte de 200.000 personas. Los seres humanos estamos hechos para sentir la muerte de un ser querido, incluso de bastantes seres queridos y no queridos. Pero el número 200.000 no nos dice nada emocionalmente. Hannah Arendt contaba que, durante su juicio en Jerusalén, el genocida Eichmann explicaba con naturalidad que su trabajo consistía en aligerar el ritmo de la cadena de exterminio de judíos. Así pues, desde su punto de vista, era un éxito laboral el que, gracias a ciertas mejoras técnicas en la rutina del exterminio, se lograra eliminar 25.000 personas al mes, en lugar de 20.000. Ahora bien, en una ocasión en que unos testigos le acusaron de haber estrangulado a un muchacho judío con sus propias manos, Eichmann perdió los estribos y se puso a gritar desesperado que eso era mentira, “que él nunca había matado a nadie“. Estrangular a una persona es insoportable para una conciencia moral normal, administrar la muerte de un millón de personas es pura rutina.

Pero el problema es que siempre estamos ya, lo queramos o no, apretando esos botones que producen efectos demasiado grandes para nuestra capacidad de imaginar y de sentir. Susan George comparaba a los ejecutivos que teclean pacíficamente en su ordenador del Fondo Monetario Internacional con los pilotos de un B-52 que aprietan los botones de un tablón de mandos para dejar caer toneladas de bombas sobre una población civil. Probablemente los pilotos no pueden representarse fácilmente el desajuste que hay entre la insignificancia de su gesto sobre el tablero y la desmesura de sus efectos, ahí abajo, sobre la ciudad bombardeada. Con mucha menos razón, el ejército de ejecutivos que deciden sobre las medidas económicas que se aplican a lo largo y ancho del planeta (y el ejército de periodistas e intelectuales que les hacen el juego), no están en condiciones de hacerse cargo moralmente de este “desnivel prometeico” entre “su trabajo”, rutinario y pacífico, y el océano de miseria y de dolor sobre el que están produciendo sus efectos.

Anders responsabiliza a la complejidad de la técnica y la industria de este “desnivel prometeico”. Yo diría que no se trata tanto de una cuestión de complejidad técnica como de una cuestión de complejidad estructural. Sea como sea, su intuición es acertada. Cuando la voluntad está separada de sus efectos por una complejidad muy grande, la voz de la moral se desconcierta por entero. En general vivimos en un mundo tan complejo desde un punto de vista técnico y estructural que todas nuestras acciones, incluso las más aparentemente insignificantes, tienen unos efectos colaterales imprevisibles. Dicho brevemente: estamos sumidos en una situación en la que no hay manera de saber lo que estás haciendo cuando haces lo que haces. Por supuesto, en estas condiciones, la voz de la moral no sabe a qué atenerse. Es demasiado complejo distinguir entre el bien y el mal.

Voy a poner un ejemplo. Tengo aquí unas páginas de El País7. Son del 2 de septiembre de 2001, publicadas a todo color en la sección de los domingos. La gente debió de leerlas mientras lavaba su coche o desayunaba con su familia, a la salida de misa o durante una comida campestre. Quizás sintieron que su conciencia caía en un abismo ético… o quizás no sintieron nada. No se trataba de un panfleto de extrema izquierda, de esos que se leen con escepticismo. Era El País, un reportaje sobre la guerra del Congo, por cierto que muy bueno, de esos que se cuelan de vez en cuando en los medios. El titular de la noticia decía: “Según Naciones Unidas, el tráfico ilegal de coltan es una de las razones de una guerra que, desde 1997, ha matado a un millón de personas”. En las minas de coltan en la República Democrática del Congo, se nos decía, trabajan niños esclavos. Los ejércitos de Ruanda y Uganda se disputan el tráfico de este mineral sumiendo el país en una guerra civil en la que nadie quiere pensar. El caso es que este mineral es vital para el desarrollo de la telefonía móvil y de las nuevas tecnologías. Por ejemplo, la escasez de este mineral había provocado otro efecto dramático: la videoconsola Play Station 2 tuvo que posponer su lanzamiento al mercado, provocando grandes pérdidas de beneficios a la casa Sony.

Mirado fríamente, es insólito que eso salga un día en El País y al día siguiente todo siga igual. Es incluso enigmático. El otro día decían (también en El País) que los muertos de la guerra del Congo se calculan ya en cuatro millones. Mientras tanto, la videoconsola Play Station 2 ya se quedó anticuada y los móviles siguieron desarrollándose vertiginosamente desde ese domingo en que salió la noticia.

No es fácil saber hasta qué punto tenemos las manos manchadas de sangre cada vez que llamamos por el móvil o que nuestro hijo juega a la videoconsola. Sin duda que estamos metidos hasta las cejas en el entramado estructural que genera esas guerras. Sin embargo, llamar por el móvil es llamar por el móvil, no matar a nadie. Y por supuesto, dejar de llamar por el móvil tampoco va a salvar la vida a nadie. El móvil, bien mirado, es un invento magnífico ¿quién puede negarlo? Si cuando llamo por el móvil estoy teniendo una oscura e imprevisible relación intangible con no sé qué conflicto sangriento de África, la culpa, desde luego, no la tiene el móvil, ni yo por utilizarlo. No podemos evitar ser piezas de un engranaje muy complejo, en el que todo está ligado entre sí por caminos imprevisibles que nadie ha decidido. Esta complejidad, es cierto, hace que, como decía Günther Anders, nunca podamos estar seguros de lo que estamos haciendo cuando hacemos lo que hacemos. Nunca podemos estar seguros de los efectos indirectos de nuestra acción directa, como dice Franz J. Hinkelammert8.

El problema es que cuando el mundo alcanza un determinado nivel de complejidad, la máxima de no violar los mandamientos se convierte en una receta envenenada. La propia moralidad se transforma en la gran coartada de un mundo criminal. Todo el mundo llama por el móvil y todo el mundo revienta en el Congo sin que nadie viole los mandamientos. Nadie tiene la culpa de que el mundo se haya convertido en algo tan complejo. En esta complejidad insondable, por ejemplo, se amparan los votantes del PP para considerar que algo bueno tendrá incluso algo evidentemente malo, como la invasión de Iraq. Al final, todo será para bien. Hay cosas que parecen muy dañinas para los seres humanos, pero que son muy buenas para que vaya bien la economía. Y no hay que olvidar que los seres humanos dependen a vida o muerte de su economía. Conviene, por lo tanto, hacer las cosas que convienen a los que tienen la sartén por el mango de la economía internacional. Conviene, pues, apoyar la política de los Estados Unidos, y vuelta a empezar, así con cualquier tema imaginable. Mientras tanto, todo el mundo puede vivir con la conciencia tranquila: hasta donde nos llegan las narices, no se ve que nadie haya violado ningún mandamiento.

Y sin embargo, por muy complejo que se haya vuelto en este mundo distinguir el bien del mal, hay una cosa que seguro que es mala, y esta cosa es, nada más ni nada menos, el hecho mismo de que exista un mundo así. Si vivimos en un mundo en el que “es imposible saber qué es lo que realmente estás haciendo cuando haces lo que haces”, entonces es que vivimos en un mundo muy malo. El lema de los movimientos antiglobalización –”otro mundo es posible”, “otro mundo tiene que ser posible”– se convierte en un imperativo ético insoslayable. Es insoportable vivir en un mundo en el que basta meter los ahorros en una cuenta corriente de Caja Madrid para tener que preguntarte con cuántas ignominias y matanzas estás colaborando sin saberlo. Es intolerable un mundo en el que te tienes que alegrar de que en España se fabriquen bombas de racimo, pues al menos en eso parece que sí que somos competitivos a nivel internacional9.

Sin duda alguna, el concepto más interesante que se forjó en la reflexión ética y moral del siglo XX fue el concepto de “pecado estructural”. Este concepto era la columna vertebral de la llamada Teología de la Liberación y los que se ocuparon de pensarlo eran fundamentalmente curas, obispos, cristianos de base que estaban directamente comprometidos en cambiar un mundo injusto y criminal. Mientras ellos se jugaban la vida y daban de lleno en la diana del problema ético de nuestro tiempo, la filosofía académica de izquierdas y de derechas estaba completamente en la Luna, haciendo tonterías con los textos de Deleuze y de Foucault, ideando genialidades para poner a discutir a Rawls con Habermas, a ver si así descubrían la pólvora, y, también, cómo no, leyendo a Rorty y cositas de parecido calado.

En este mundo las estructuras matan con mucha más eficacia y de forma mucho más masiva que las personas. La capacidad de ser inmoral que tienen las personas es casi patética comparada con la inmoralidad de las estructuras. En estas condiciones, la cuestión moral pertinente es qué responsabilidad tenemos respecto a las estructuras. La pregunta ya no puede ser ¿qué puedo hacer yo para no violar los mandamientos en ese mundo que no llega más allá de mis narices? En un mundo en el que las estructuras violan los mandamientos con una eficacia colosal e ininterrumpida, es inmoral limitarse a respetar los mandamientos… y las estructuras. El primer mandamiento, por el contrario, atañe a nuestra actitud respecto de las estructuras. Y para responder a esta cuestión, en primer lugar, hay que responder a esta otra ¿en qué consisten esas estructuras? ¿De qué son estructuras esas estructuras? Así pues, en primer lugar, deberíamos estar todos estudiando economía. El primer mandato moral debería ser: ponte a estudiar economía y no pares hasta que no averigües en qué consiste este mundo. Y mucho cuidado con dejarte engañar por la Escuela de Chicago, que de eso también eres responsable. Si, por ejemplo, acabáramos por concluir que la economía mundial puede ser llamada con rigor y sentido la economía capitalista, lo que no cabe duda es que nuestra máxima responsabilidad moral, inmediatamente después, sería volvernos comunistas (al menos si llegamos a la conclusión de que ser comunista es la manera adecuada de combatir el capitalismo). Por supuesto que ese fue el camino que, muy a menudo, siguió la Teología de la Liberación en Latinoamérica10, el camino que tanto escandalizó al cardenal Ratzinger. Una serie de obispos latinoamericanos, de pronto, pusieron toda su red de catequistas a estudiar economía, especialmente, crítica de la economía política. Pusieron a todos sus feligreses a leer El capital y a estudiar marxismo. Lo demás se dejaba ya a la conciencia de cada uno. Aunque no por casualidad la conciencia de cada uno aconsejaba montar una guerrilla para combatir el sistema capitalista. El ejercito zapatista del subcomandante Marcos, por ejemplo, no cabe duda de que se montó desde la red de catequistas de la diócesis de San Cristóbal de Las Casas.

En un mundo en el que las estructuras son mucho más inmorales de lo que jamás pueden llegar a serlo las personas, la cuestión crucial no es saber en qué medida somos piezas de ese engranaje estructural o en qué medida podemos dejar de participar en él. Esto es lo que a veces sugería Günther Anders, pero no es ni mucho menos suficiente. Dejar de llamar por el móvil no vale absolutamente de nada y dejar de consumir coca-cola, de casi nada. Puede que negarse a trabajar en la industria del armamento valga para algo si se consigue que ese gesto sirva de propaganda a los programas políticos pacifistas. De lo contrario, ese gesto no sirve más que para que corra un puesto la lista de parados que esperan a trabajar en cualquier cosa y a cualquier precio. Retirar el dinero de una cuenta de Caja Madrid si sospechas que esa entidad invierte dinero en la producción de armamento no sirve de nada si luego es para meterlo en el Banco de Santander, es decir, para confiar en el humanitarismo de un sujeto como Emilio Botín. Y tampoco es buena idea esconder tu birria de sueldo debajo de una baldosa.

La verdadera cuestión moral es qué responsabilidad tenemos en que determinadas estructuras perduren y qué estaría en nuestra mano hacer para sustituirlas por otras. Es obvio que eso pasa por la acción política organizada y no por el voluntarismo moral que intenta inútilmente apartarse de la maquinaria del sistema. No es a fuerza de no mover las fichas o de moverlas lo menos posible como se consigue dejar de jugar al ajedrez, si eso es lo que se pretende. Para dejar de jugar al ajedrez y comenzar a jugar al parchís hay que cambiar de tablero. Si no, lo único que se logra es perder el juego, y el juego del ajedrez, no del parchís. No sé si se capta el mensaje: vivimos en un mundo tan inmoral que no tiene soluciones morales, aquí no valen más que soluciones políticas y económicas muy radicales. Y la única cuestión moral relevante que todavía tenemos sobre la mesa es la de qué tendríamos la obligación de estar haciendo políticamente para que el mundo dejara de jugar en este tablero económico genocida. La cuestión no es la de si puedo beber menos coca cola o llamar menos por el móvil para participar lo menos posible en esta matanza. La cuestión es cómo y de qué manera atacar los centros de poder que la generan. Mi responsabilidad en la matanza no es la de llamar por el móvil. Mi responsabilidad es la de aceptar vivir en un mundo en el que llamar por el móvil tiene algo que ver no sé con qué guerras en el continente africano. Es el mundo lo que es intolerable, no nosotros. Pero sí es intolerable que aceptemos de brazos cruzados un mundo intolerable.

Es grotesca la indiferencia que ha habido en la reflexión ética de los medios académicos europeos y estadounidenses hacia el concepto de “pecado estructural” y, en general, respecto a toda la filosofía de la Teología de la Liberación. Se trataba de lo único interesante que parió el siglo XX en el campo de la ética, pero la Academia estaba demasiado ocupada en intentar comprender a Derrida y en hacer el payaso con el dilema del prisionero. Para ser justos, hay que recordar que mucho antes de que la Teología de la liberación planteara el problema, lo teníamos ya abordado con mucha contundencia en la historia de la filosofía por filósofos como Jean Paul Sartre o Bertolt Brecht. Claro que Sartre no está tan de moda como Hannah Arendt, porque Sartre era comunista, así es que se le lee bastante poco actualmente. Sartre había explicado muy bien por qué la elección moral no tenía que ver con elegirnos buenos a nosotros mismos, sino con elegir un mundo bueno. Elegir ser bueno en un mundo en el que no se necesita pecar para vivir de la injusticia que se comete sobre los demás, es, sencillamente hacerte cómplice, no de un crimen, sino, como decía Anders, de “todo un sistema de crímenes”. 11

1
Cahiers pour une morale, Editions Gallimard, Paris, 1983, pág. 11.

2 Cfr. Fernández Liria, Carlos / Alegre Zahonero, Luis: “La revolución educativa. El reto de la Universidad ante la sociedad del conocimiento “, Revista Logos, nº 37, Madrid, 2004. Cfr. también la siguiente página web:

http://fs-morente.filos.ucm.es/convergencia/debate/inicio.htm

3 Ratzinger, J. Libertatis nuntius Instrucción sobre algunos aspectos de la “teologia de la liberación” (Congregación para la Doctrina de la Fe, 6 Agosto 1984) / “Presupuestos, problemas y desafíos de la Teología de la Liberación.” Paramillo 5 (1986): 574-580. También en La Segunda, Santiago de Chile, jueves 5 de enero de 1984, pp. 15-16; Tierra Nueva 49/50 (abril-julio 1984): 93-96 / 95-96. Edición digital preparada por Holly Ann Hughes. Marzo de 2004.

4 El desánimo de Günther Anders respecto al pacifismo recuerda al de Dennis Meadows en el campo del ecologismo. Meadows, como se sabe, fue el coordinador del informe del Club de Roma sobre los Límites del crecimiento, el estudio que en 1972 daría el pistoletazo de salida al movimiento del ecologismo político. Mucho tiempo después, en una entrevista de 1989, al ser preguntado si aceptaría realizar hoy un estudio semejante, respondía: “Durante bastante tiempo he tratado ya de ser un evangelista global, y he tenido que aprender que no puedo cambiar el mundo. Además, la humanidad se comporta como un suicida, y ya no tiene sentido argumentar con un suicida una vez que ha saltado por la ventana” (Der Spiegel, nº 29, 1989, pág. 118.

5 Günther Anders, Llámese cobardía a esa esperanza, Besatari, Bilbao, 1995.

6 Cfr., en castellano, Nosotros, los hijos de Eichmann y Más allá de los límites de la conciencia, Paidos. La obra más importante de Günther Anders es Die Antiquierheit des Menschen.

7
La fiebre del coltan (Ramón Lobo, Diario El País, domingo, 2 de septiembre de 2001).

8 Franz J. Hinkelammert (Berlín, 1931), economista y teólogo de la liberación, ganador del Premio Libertador al Pensamiento Crítico 2005 del Ministerio de Cultura de la República Bolivariana de Venezuela, con su libro El sujeto y la ley. El retorno del sujeto reprimido, Euna, Costa Rica, 2005.

9 Algunas referencias para el seguimiento del tema: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=43604 / http://www.rebelion.org/noticia.php?id=43581 / http://www.rebelion.org/noticia.php?id=44188

10 Quizá resulte interesante la siguiente entrevista con un comandante colombiano del ELN, guerrilla que se reclama heredera del pensamiento del sacerdote pionero de la teología de la liberación, Camilo Torres: Cuatro intelectuales españoles se reúnen con el Ejército de Liberación Nacional de Colombia (Santiago Alba, Carlos Fernández Liria, Belén Gopegui y Pascual Serrano entrevistan a Milton Hernández, comandante del ELN) Cfr.: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=9100

11 Anders, G.: Nosotros, los hijos de Eichmann, Paidós, Barcelona, 2001, pág. 92.