Elecciones, ¿Que hacemos?

En el marco del año electoral

NUESTRA PROPUESTA

ANTE EL PADECIMIENTO POPULAR, DEMOCRACIA PARTICIPATIVA y JUSTICIA
SOCIAL

….No debe olvidarse que “el problema básico de la mayor parte de los países del Tercer Mundo es la ausencia de una auténtica justicia social y de participación popular en la conducción. Sólo así estarán en condiciones de enfrentar las angustiosamente difíciles décadas que se avecinan”…. “Debemos cuidar nuestros recursos naturales con uñas y dientes de la voracidad de los monopolios internacionales que los buscan para alimentar un tipo absurdo de industrialización y desarrollo …”

Juan D. Perón. Mensaje a los Pueblos y Gobiernos del Mundo 1972

Un contexto institucional vaciado

En las jornadas de 2001 el pueblo argentino en la calle dio por concluido – con su “que se vayan todos” – el régimen político institucional en el que se asentaron todos los gobiernos desde 1983, bajo el ropaje de la democracia “representativa”.

A pesar de esa contundente demostración popular, la preocupación de las dirigencias en general sigue estando reducida a las roscas, para controlar la caja y perpetuarse en un lugar de poder y privilegio. Salvo la implementación de las políticas mínimas indispensables para evitar un incendio que también los consumiría.

En este contexto institucional vaciado, una porción de la población argentina – creciente de elección en elección – se niega a participar de los eventos electorales. Sea para no sentirse cómplice de tales procesos, sea porque está convencida de que haga lo que haga, todo va a seguir igual.

¿Para qué las elecciones?

-Ésta es la pregunta urticante que se hace el Pueblo argentino ante tanto verso, tanta pelea minúscula, tanto deterioro, tanta falta de horizontes y tanta injusticia. Por qué ser parte de una democracia vaciada de contenido, convertida en una maquinaria para impedir que el pueblo sea el protagonista principal de su destino, como debe ser en una verdadera democracia.

Nuestra propuesta es darle un sentido distinto a este proceso electoral. Ya que se nos impone, queremos que tenga algún provecho para el Proyecto de una Argentina justa, soberana y con su propio modelo de desarrollo. Apostamos a que el clima electoral nos permita no sólo hablar, sino empezar a plantear y enfrentar, como sociedad, seriamente, maduramente, realistamente, los temas y problemas verdaderamente sustanciales que nos aquejan. De esos que no se habla entre quienes integran el horizonte directivo, se trate de gobernantes, opositores o referentes sectoriales.

Por ese motivo, el grupo GESTAR plantea la necesidad de encarar el próximo proceso electoral partiendo de cuestionar profundamente el régimen político institucional vigente y buscando acciones que profundicen, desde el llano, la democracia argentina. Ante el fracaso de la democracia representativa, luchamos por crear una democracia verdadera, participativa y social.

Debate y organización o zonceras y decadencia

Estamos en el inicio de la campaña electoral. Las fuerzas políticas en juego están comenzando una teatralización destinada a engañar los pocos azonzados que todavía puedan quedar en el país. Lo hacen con tal convicción y con tan impresionante despliegue mediático, que hasta ellos mismos llegan a creer y a hacernos creer que esa es la realidad del país.

Pero nosotros no queremos ser parte del teatro, ni del decorado.

De modo que pensamos que es necesario replantear el debate político de fondo sobre cuál es la Argentina que somos y cual la Argentina que queremos ser. A nuestro juicio, las tareas de la hora son: introducir una agenda que se ocupe de lo que realmente importa al Pueblo argentino y organizarnos para confluir en una fuerza con capacidad de transformación.

Se impone superar la fragmentación social y la confusión mediática que los sectores dominantes han impulsado y crear las condiciones para que confluya, en una única fuerza transformadora, la más que elocuente diversidad de asambleas, luchas y reclamos en que los argentinos estamos involucrados a todo lo largo y ancho de nuestra patria.

Lo otro es decadencia y más decadencia, sobre lo cual no hace falta aquí decir mucho. Sólo llamamos la atención sobre la creciente proliferación de zonceras de las que coparticipan gobernantes, opositores, dirigentes en general y medios de comunicación.

Entre tales zonceras, destacamos en primer lugar las que vienen desde la cabeza presidencial. La Presidente sostuvo que: “Obama ha interpretado a Perón”. ¿Habrá que deducir que el nuevo presidente norteamericano es antiimperialista?, ¿que asume la Tercera Posición y que apuesta a la integración latinoamericana? Estaría bueno; no nos sorprendamos entonces si próximamente (en esta misma sala), Swarzeneger confesara que se inspira en los ejemplos y las enseñanzas del Che.

Pero las zonceras no son patrimonio exclusivo del oficialismo: los grupos de la oposición – tanto en la variante radical de Carrió, como en la variante pejotista de Macri & CIA han dicho que la Argentina debería volver a pedirle “financiación” al FMI. Con esto la “oposición” se suma a la campaña de los sectores financieros que le están diciendo al gobierno que ahora se puede volver porque “no es el FMI de Bush, es el FMI de OBAMA” .Créase o no.

Pero no hay que extrañarse: ni el oficialismo, ni la oposición han planteado salirse del patrón financiero de libre movilidad de capitales que implantara la dictadura de Martinez de Hoz. Por eso,
ambos miran sentados como se evaporan “libremente” las reservas del Banco Central y cómo los capitales producidos por el país vuelan hacia los paraísos fiscales. Para estos dirigentes, suena coherente entonces que el FMI reinyecte dólares cuando la bomba del saqueo sufre un temporal vacío.

Las zonceras llegan a tal punto que desde algunas esferas mediáticas se propone que los argentinos adoptemos la calidad institucional que generosamente nos proponen los grandes países del Primer Mundo; por ejemplo, tenemos que decidirnos de una vez por todas a consumar nuestro propio Pacto de la Moncloa (con la presencia del rey de España y todo si se pudiera).

Esta y otras tantas zonceras a que nos tienen acostumbrados, confunden la visión de la realidad y plantean conflictos y antinomias falsas, en las que pretenden embretarnos. Como en la cuestión del campo, donde casi nadie plantea que no se pueden bajar las retenciones porque hacerlo implicaría caer nuevamente en default, ni cómo enfrentar los enormes costos socio-ambientales de los monocultivos transgénicos, ni cómo evitar el embudo que permite a las cerealeras quedarse con la parte del león. Como en la cuestión de inseguridad, donde el antagonismo represión/garantismo, impide plantear la necesidad de reparación e inclusión social y de reforzar la educación en valores humanistas en lugar de los mercantilistas, para enfrentar a fondo el crecimiento delincuencial.

En los temas centrales de esta Argentina de cuarta, hay coincidencia entre el oficialismo y la oposición: continuidad en el modelo de dependencia “globalizada” que nos han impuesto.

Frente a toda esta farándula, creemos que es la hora de debatir públicamente lo que importa: cuál es la situación real de la Nación, qué país queremos, con que democracia queremos construirlo y qué modelo de desarrollo nos proponemos realizar con el fin de garantizar trabajo y seguridad para todos los argentinos.

Los verdaderos problemas

El primer problema serio y fundamental que, a nuestro juicio, debemos plantearnos los argentinos en este momento, es el del padecimiento que está sufriendo la inmensa mayoría de nuestro pueblo. Desde una enorme cantidad de población rural obligada a subsistir en la pobreza más extrema, sujeta a una desaforada agresión humana y ambiental, hasta una masa creciente de indigentes urbanos obligados a deambular en busca de sustento o caer en las garras de las mafias narcotraficantes, pasando por una inmensa clase media empobrecida que camina angustiada al borde del despido o de la quiebra de su comercio o industria y del endeudamiento insuperable que lo arrastre a la ruina. Aquellos que tienen la suerte de haberse alejado del abismo, se ven obligados a hundirse en un egoísmo extremo para “salvarse”, contraviniendo los valores más profundos y tradicionales del pueblo argentino, mientras el robo y el asesinato los acechan todo el tiempo.

Todo esto en el marco y como consecuencia de una estructura económica nacional que se hizo intencionalmente dependiente del sistema mundial globalizado, para sostener con los recursos de los países debilitados del planeta, una economía del despilfarro absolutamente destructora de la naturaleza; porque el despilfarro genera lucro. Un lucro capaz de romper aceleradamente equilibrios naturales de millones de años, en función de la codicia y ambición de poder sin límites de unos pocos.

Estos padecimientos, sufrimientos y destrucciones – que parecen haberse instalado en nuestra sociedad como algo inevitable y natural – no son tales. Tienen sus autores, sus móviles y sus herramientas. Dichas herramientas, voluntariamente sostenidas por los poderosos del país con la complicidad del sistema político corrupto, son las que resulta imperioso desmontar. Por nuestro bien y el de las futuras generaciones.

Desmontar las herramientas del saqueo para construir la Nación:

A esta altura nadie de buena fe y con algún grado genuino de compromiso con nuestra comunidad puede ignorar que los argentinos somos víctimas, hace ya décadas, de un desmesurado saqueo. Dicho saqueo tuvo un fuerte anclaje en la dictadura cívico militar y continuó de hecho en los gobiernos civiles que la sucedieron, con mayor o menor prolijidad y capacidad de disimulo.

Sólo citaremos acá algunos de los ejemplos más expresivos de tal saqueo y de las herramientas usadas para ejecutarlo:

La llamada deuda externa es una de ellas. Tiene como móvil la descapitalización del país. Como herramienta, el “sistema de la deuda” se basa en que ésta, de manera alguna se puede extinguir o cancelar. Solo se puede incrementar hasta hacerse imposible de sobrellevar y estallar, para volver a empezar. En 1976 debíamos sólo 8.000 millones de U$S; en 1983 la deuda ascendía a 44.000 millones de U$S ; en 1990 a 90.000; en 1999 a 130.000 luego de haber privatizado todas las empresas públicas; en 2001 a 144.000 y ahora a 170.000 millones. Estas cifras demuestran que se ha generado una servidumbre perpetua de la que no nos hemos atrevido a escapar. Es mentira que nos hayamos desendeudado, ya que hoy tenemos una deuda mayor que la teníamos en el 2001, a pesar de todo lo que se pagó tiqui-tiqui.

La extracción y exportación de materias primas, como eje esencial de la economía argentina, es otra herramienta del saqueo. Sea que hablemos de soja, cereales en general, petróleo o minerales, agua o tierras o bellezas naturales solo disponibles para el turismo extranjero. Esta herramienta tiene como objetivo extraer nuestros recursos naturales para sostener el sistema de despilfarro mundial , a costa de la creciente imposibilidad de nuestro pueblo para acceder al uso y beneficio de ellos.

Los servicios y la industria extranjerizada en sus núcleos centrales, absolutamente dependientes de estos núcleos en sus cadenas secundarias de producción y totalmente incorporados al modelo consumista vigente, es la otra herramienta esencial.

Finalmente como resultado de este saqueo, los argentinos debemos conformarnos con una Argentina residual o marginada, donde nos tratan como inquilinos de una propiedad ajena. Sin que el Estado garantice los mínimos derechos sociales. Donde la desinversión y desinterés manifiesto en los sistemas de salud vivienda y educación de la población, constituyen un genocidio larvado que es el causante del padecimiento popular.

Democracia social participativa

El Pueblo delibera y gobierna, define su conducción y encuadra a sus mandatarios: así es la Democracia que queremos. Lo demás son cuentos que disfrazan el ejercicio de poder de sectores cuyo negocio está en otro lado. Desde esta convicción el grupo GESTAR quiere aunar esfuerzos con los miles de argentinos que desde múltiples organizaciones, grupos sociales y agrupaciones políticas están luchando de mil formas diversas contra este modelo de país dependiente. Retomar el largo camino de la recuperación y reconstrucción de una nación autónoma, fundada en la Justicia Social y hermanada con las naciones latinoamericanas dispuestas a seguir el mismo camino.

Como primer paso de esta determinación, invitamos a los compañeros a encarar el próximo proceso electoral:

  1. Denunciando el carácter falaz y descreído de la “democracia representativa” actual.
  2. Plantear públicamente los problemas de fondo del país, sistemáticamente evadidos por las fuerzas políticas dominantes o complacientes, estableciendo como eje de nuestra campaña político social la convocatoria a una epopeya; la epopeya de terminar con la “reorganización nacional” impuesta por el proceso militar y continuada por los gobiernos civiles que lo sucedieron. Proponemos articularnos mediante una consigna básica: “Trabajo y Seguridad para todos”.
  3. Invitar a las organizaciones sociales y agrupaciones políticas que coincidan con los puntos anteriores, a establecer acuerdos y compromisos de acciones concretas para enfrentar cada uno de los problemas derivados del modelo que nos han impuesto. Antes, durante y después de las elecciones.
  4. Empezar a realizar en la práctica, de esa forma, un germen de democracia social y participativa desde el llano, que avance hacia el desarrollo de una sociedad popularmente organizada que delibere y gobierne junto a un Estado
    que ejecute sus mandatos y sea controlado por ella.

Mario Cafiero, Hugo Melgarejo, Carlos Wilkinson, Ruben Rojas Breu, Marisa Timor, Honorio Díaz, Guillermo Hamlin, Alex Obal, Virginia Loures, Amalia Zille, Beatriz Castiglioni, Lalo Cernadas, Silvia Mozeris y otros/as compañeros/as.

GESTAR

Grupo encuentro social para la transformación argentina

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